Visa para un sueño

  • Arranca en el centro del continente una Eurocopa que tratará de reflejar que el fútbol, con su poder para generar ilusión, no entiende de crisis económicas · España, entre las favoritas al título

Aparece en el horizonte, tras la cordillera alpina, la decimotercera Eurocopa de la historia. Y esta vez sí. Esa ilusión que contagia sin remisión a los aficionados españoles cada dos años, cuando el fútbol doméstico abre paso a la selección nacional, tiene un sólido fundamento. El bloque de Luis Aragonés se ha ganado un hueco entre los favoritos, figura en las quinielas internacionales con posibilidades similares a las de alemanes, italianos o franceses. Luego, puede pasar lo de casi siempre, que el sueño español se esfume en la primera fase, algo que ya sucedió en la última cita en Portugal, o que los cuartos de final se vuelvan a resistir.

Como ocurrió hace ocho años con belgas y holandeses, dos países organizan el campeonato de Europa de selecciones. No son países de la zona noble continental, ni mucho menos, cuando se trata de patear un balón. Pero Suiza y Austria saben mucho de cuentas, de dinero, y esa virtud se antoja la principal cuando se trata de montar un circo como el que monta la UEFA cada cuatro años. Además, en territorio helvético radica la sede de los mandatarios europeos y en tierra suiza vio la luz el hombre que maneja los hilos del balompié mundial, Joseph Blatter. Austria arrimó el hombro y dicho y hecho. La Eurocopa se juega en el corazón de Europa, con lo que será un punto de encuentro idóneo para hacer caja. Para muchos (alemanes, croatas, italianos, franceses, polacos, checos) serán desplazamientos muy cercanos, y para ninguno será un viaje incómodo por lejano.

Negocio redondo

La UEFA decidió con buen criterio ampliar la fase final a 16 equipos en 1996, cuando los ingleses la organizaron, y todos salieron ganando. Más partidos, más ingresos por taquilla y televisión.

El mayúsculo circo que ha levantado la empresa Euro 2008, creada por la UEFA para este evento, organiza la cita junto con las federaciones nacionales de Suiza y Austria. Éstas se han venido ocupando, sobre todo, de las infraestructuras. El presupuesto inicial que se le asignó a Euro 2008 fue de 135 millones de euros. Eso, que se sepa. Y parece que el campeonato será una burbuja en la que no podrá entrar la crisis económica que martiriza al mundo: un informe de MasterCard calcula que la Eurocopa generará unos ingresos de 1.400 millones de euros, 600 millones más que en la edición de hace cuatro años en Portugal. Los principales ingresos procederán de la venta de los derechos televisivos (el 65%), del incremento en el precio de las entradas para los partidos, los servicios de transporte, la venta de productos de merchandising y los contratos exclusivos con los patrocinadores.

La Eurocopa 2008 hará fluir mucho dinero y también mucha ilusión. Y tan ilusionados como los que más, de nuevo, los españoles. Tras las dos derrotas al inicio de la fase de clasificación ante Irlanda del Norte y Suecia, el equipo de Luis Aragonés se recompuso y con 25 puntos sumados de 27 posibles obtuvo su billete. Jugará todos sus partidos en suelo austriaco. Debutará en Innsbruck el 10 de junio ante Rusia, el 14 le espera Suecia en la misma ciudad y cierra la fase de grupos ante la actual campeona, Grecia, el 18 en Salzburgo. España debe pasar esta fase con comodidad y ser primera de grupo. Lo malo es el cruce, que saldrá del Grupo B, el más fuerte con diferencia, integrado por Francia, Italia, Holanda y Rumanía.

Cualquier aficionado español, bien resabiado, tiene en la mente esos cuartos de final como la prueba definitiva, como esa reválida tantas veces suspendida. Pero España tiene fútbol más que sobrado para pasar ese Rubicón, que puede ser ante cualquiera de los dos últimos finalistas de un Mundial: una Italia algo irregular bajo el manual de Donadoni y una Francia que no termina de digerir su cambio generacional.

Si España salva el escollo de franceses, italianos u holandeses (la selección naranja puede desbancar a la campeona o la subcampeona del mundo), la opinión generalizada es que el bloque de Aragonés saldría relanzado hacia el título. Dejaría en la cuneta a una de las favoritas y, sobre todo, se despojaría de ese estigma perdedor que le lastra.

Si lo hace, esperan otras selecciones de alcurnia. En el Grupo A figuran Suiza, República Checa, Portugal y Turquía. Los portugueses tienen al mejor jugador del mundo en la actualidad, Cristiano Ronaldo, que tratará de desoír los cantos de sirena que le llegan desde Madrid para redondear su año mágico. Y alrededor del joven con más tirón mediático del momento, Scolari ha afinado una gran orquesta que ya se quedó a las puertas de la gran final del Mundial hace dos años.


Alemania y el bombo

En el Grupo B, acaso el más flojo, figura Alemania, otra de las favoritas. Es tradicional que a los germanos le sonría la suerte en los sorteos y más tradicional aún que también lo haga en el transcurso de los campeonatos. Además, los teutones se sentirán como en casa. Croacia, y sobre todo Polonia y Austria no parecen en condiciones de plantarle cara en la liguilla.

Precisamente los aficionados austriacos han acogido con tibieza la gran cita. Saben que probablemente no se hubieran ganado el derecho a jugar sin su condición de anfitriones. El bajísimo nivel de su selección ha sido objeto incluso de chistes entre los suyos, que viven de los recuerdos de aquel buen equipo que integraron Krankl, Prohaska, Koncilia, Pezzey o Schachner en los setenta y principios de los ochenta.

Ello no quiere decir que el austríaco, incluso la mayoría que mira al fútbol con indiferencia, no caiga en esa fiebre incontenible que lleva al ciudadano más común a pintarse la cara y a ponerse una peluca con los colores de su selección para hacer el payaso en una grada. Lo harán, a miles, italianos, polacos o españoles.

Es la pasión del fútbol, la de las grandes citas como esta Eurocopa. La pasión que se renueva cada dos años en el corazón de los españoles, tan cicatrizado...

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