De nuevo, una bienal para la esperanza

  • Aparcado el debate sobre Raúl hasta nueva orden, el hecho de que Luis Aragonés haya modelado un equipo basado en la personalidad y el buen trato al balón reabre las expectativas de cada dos año

Nuestro techo no se ha renovado en cuarenta y cuatro años, el tiempo que hace que Fernando Olivella levantaba el trofeo en la tarde lluviosa del primer día del verano de 1964. Veinte años después se rozó la repetición, pero un clamoroso error de Luis Arconada en el Parque de los Príncipes impediría que España volviese a reinar en el Continente. Ahora se han redoblado las ilusiones tras un tiempo en que la selección en general y Luis Aragonés en particular cayeron en el descrédito más descorazonador.

Ha conseguido el seleccionador ponerle, incluso, sordina al gran debate, al mayor debate conocido en el fútbol contemporáneo, el de la conveniencia o no de que Raúl estuviese al frente de la tropa roja. Luis ha logrado el consenso y que, en cierta medida, se atenúe la controversia sobre la presencia de Raúl en esta Eurocopa para, de paso, renovar esas expectativas que recurrentemente se abren cada dos años, el tiempo que tarda en suceder un evento a otro, un torneo europeo a otro universal y viceversa, de oca en oca y a ver si nos toca y tiramos de una vez.

Acude España a la Eurocopa de las garrapatas con un equipo modelado y rejuvenecido a su gusto, al gusto del seleccionador. En España primó durante demasiado tiempo la especie de nuestra inferioridad física. La alimentación y el entrenamiento de base, ambos deficientes según los estudiosos, eran las causas de un desnivel físico que a la hora de la verdad se interponía entre nuestro equipo y el resto, mayormente europeos, pero la cierto es que también caíamos con unos suramericanos que no se caracterizaban por el físico sino por una mayor familiaridad con la pelota.

Sí triunfan de juveniles

Y ahora emboca España la cita centroeuropea bajo unos parámetros distintos. Sin duda, los continuados éxitos de nuestros equipos inferiores han debido encenderle la lucecita a Luis Aragonés para que la absoluta sea como una continuación de los chavales. De hecho, la base del equipo nacional está formada por futbolistas que ya saben de triunfos en edad juvenil y que intentan extrapolar a la absoluta lo alcanzado años atrás por ellos mismos.

Con un portero que más de una vez, y de dos, ha hecho milagros bajo los palos, el equipo tiene una mezcla de músculo y toque magníficamente ensamblados. La combinación entre el vigor de Sergio Ramos o Puyol con la imaginación y fútbol de Xavi, Iniesta, Cesc o Silva cuentan, además, con el gol de Fernando Torres, Villa o Güiza para que la obra se mantenga en pie hasta última hora y no sea ese edificio que permanecía enhiesto de forma temporal, aproximadamente hasta cuartos, listón que rara vez hemos sabido superar.

A veces, muchas veces, ni siquiera llegamos a cuartos y el ejemplo no podemos tenerlo más cerca. Sucedió hace dos años en Alemania, justamente en Hannover, lugar donde la Francia de Zidane y del recién llegado Ribery nos dejaba fuera de circulación. Todavía estábamos en octavos de final y por ahí se abrió un debate en torno al seleccionador que sólo se sofocó a base de enderezar, sin Raúl, el camino en una liguilla clasificatoria que se había comenzado de manera muy titubeante.

Agarrándonos al piso de lo que nos espera en la Europa más verde y cuando todo lo que se diga sea hablar por hablar, mera hipótesis, un punto negro aparece en el panorama. Y es que Luis se deja, seguro que voluntariamente, dos zonas del campo sin ocupar o deficientemente ocupadas. Las bandas se quedan sin la presencia de futbolistas que vivaquean por fuera.

Sin extremos

En la diestra no está Joaquín y en la izquierda, a falta del también valencianista Vicente por razones obvias de precariedad física, tampoco ha contado Luis con el hombre que tan bien vino ocupando esa demarcación de puntero zurdo. El españolista Riera, como Tamudo y Luis García, ha sido un damnificado más por el bajón de su equipo en una segunda manga lamentable, pero lo cierto es que a la hora de abrir el campo se puede echar en falta a futbolistas de esas características.

Todo empezará en Innsbruck ante la Rusia de Hiddink, que afrontará este partido y el de Suecia sin Arshavin, el verticalísimo punta del Zenit. Será el 10 de junio cuando choquemos con ellos para que el sábado 14 tengamos en el otro rincón del mismo escenario a Suecia, el equipo del formidable delantero interista Ibrahimovic.

Acudir con cuatro puntos como mínimo a la cita del miércoles 18 con el vigente campeón, Grecia, en Salzburgo sería buena cosa, como para que esta nueva ilusión que amanece cada dos años contara con argumentos para la renovación. Después aguardaría un peso pesadísimo, Italia o Francia, pero eso sería ya otra historia. Lleguemos a cuartos y ya veremos, que alguna vez habrá de ser.

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