Conjurados contra el anuncio de agua

  • Se cumplieron los pronósticos y la lluvia llegó en las horas previas al alumbrado de las 265.000 bombillas, muchas sin farolillos por el viento

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Se desconvocó a última hora la huelga de autobuses urbanos. Terminó el conflicto de los funcionarios de Justicia. Hasta los dos equipos de la ciudad ganaron para darle a sus aficiones y a los numerosos peñistas del real una buena Feria. Una semana de tranquilidad. Incluso Putin y Bush renovaban el abrazo internacional para despejar cualquier amago de guerra fría. Todo en su punto para una Feria irrepetible. Y entonces aparece la variante sevillana de la lluvia: el aguafiestas. En esta ciudad, ser meteorólogo está tirado: basta con asomarse al calendario y con un año de antelación uno puede saber qué días del año va a llover. En Semana Santa y en Feria. Ayer llovió sobre el real. Agua y viento, la peor compañía. Y más de uno recordaba que el 7 de abril del año próximo es Martes Santo.

En Sevilla gustan mucho las vísperas. Faltaban horas para la prueba del alumbrado, la inauguración oficial de la fiesta, y el recinto ferial no daba abasto a recepciones. "No hay fechas el resto de la semana. Se acumulan". Las fuerzas vivas se invitan unas a otras y para atender a los compromisos hay que reinventar esta especie de lunes sin resaca. La Feria es el más saludable convenio colectivo. En sentido metafórico y también real. La Pecera, la caseta de los comunistas, es adyacente a la de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación. Rojos y empresarios codo a codo, como en los pactos de la Moncloa. Pero por sevillanas.

La Pecera la presiden unos versos de corte republicano que hablan del 14 de abril. En la Feria, cae en lunes de resaca. En esta caseta encuentran refugio de la lluvia un grupo de niños discapacitados. Algunos de corto, algunas con el traje de fiesta. La fiesta de los inocentes. La gracia en estado puro. Empleados de Lipasam van recogiendo los farolillos que el viento ha arrojado al suelo. Ensayan los músicos, se multiplican los modernos cosarios: éste lleva botellas de vino rosado; aquél, dos paelleras para darle de comer a un regimiento; el otro rollos de papel higiénico. La Feria de Sevilla es una apoteosis andaluza: alumbrados eléctricos de Puente Genil; sillas y mesa de Algeciras; orquesta Amalgama, de El Cerro de Andévalo, en la serranía onubense.

Son los cerebros de la Feria. Rafael Carretero lleva 29 a sus espaldas. Nació en el Prado, donde la crearon José María Ybarra y Narciso Bonaplata en 1847. Hace un alto en una caseta particular con Ramón Bullón. Han decidido no reponer farolillos. Dice Carretero que la Feria está preparada para la lluvia, pero no cuando llega acompañada de viento. Es lo peor, como en los toros. Anoche se encendieron 365.000 bombillas. Unas de 25 vatios, otras de 15. Sólo la portada, réplica del Costurero de la Reina que diseñó Juan Talavera para el 29, lleva 25.000 bombillas. Dan lluvia hasta el jueves. "Ese día, sacamos el sombrero y a disfrutar". A Carretero no le asustan las inclemencias.

La solución del conflicto de los autobuses evitó la estampa que insinuaron fuentes municipales: sevillanas en traje de volantes llegando al real en bicicleta. Una variante de las bailarinas del can-can que pintaron los impresionistas. Con rebujito en vez de absenta. Cuando uno deja el cargo o el cargo lo deja a uno, se queda sin séquito, sin cohorte, sin mayordomía. Con la única compañía de su paraguas iba por la calle Juan Belmonte José María Bueno Lidón, último presidente del Monte antes de la fusión. El sobrino del cardenal Bueno Monreal paseaba sin las huestes de antaño. Sin las apreturas para la copa, la foto y el pásate por mi caseta.

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