David Mora, bella faena a un 'Calabrés' con calidad

  • El madrileño emborrona su obra con la espada El Cid y Luque, también de vacío ante una dispar corrida de Daniel Ruiz, con tres toros buenos

plaza de toros de la real maestranza de sevilla Ganadería: Corrida de Daniel Ruiz, en conjunto bien presentada y de dispar juego. El segundo, 'Calabrés', con calidad por ambos pitones y el buen tercero fueron ovacionados en el arrastre y también el cuarto, hasta rajarse, embistió muy por el pitón derecho. TOREROS: Manuel Jesús 'El Cid', de nazareno y oro. Pinchazo hondo y dos descabellos (silencio). Estocada que hace guardia, pinchazo y estocada (división de opiniones al saludar). David Mora, de rosa y oro. Pinchazo, casi entera tendida y trasera y descabello (saludos tras ovación). Dos pinchazos y estocada (silencio). Daniel Luque, de sangre de toro y oro. Bajonazo (saludos tras ovación). Dos pinchazos y estocada (saludos tras ovación con aviso). INCIDENCIAS: Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Lunes 11 de abril de 2016. Media entrada en tarde desapacible y fría, con viento que molestó en la lidia. En banderillas, saludaron Ángel Otero y José María Tejero en el segundo y los hermanos Neiro -Abraham y José Luis- en el sexto.

Era tarde de perros, no de toros. Lo escribo por el viento que imperó y que es el peor enemigo del torero. Porque toros, hubo. Al menos tres de ellos dieron para más. En cuanto a la tarde de perros por Eolo, el comienzo del festejo, con una bolsa de plástico sobrevolando el ruedo hasta enredarse junto a El Cid y posteriormente próximo a las patas del primer toro, invitaba a enfilar hacia el alumbrado.

La corrida de Daniel Ruiz, en los medios, con otro trato, hubiera dado mejor juego. En cualquier caso, del dispar encierro de la ganadería albaceteña, sobresalió en calidad el segundo, Calabrés, un toro negro, bajo, bien hecho, con calidad por ambos pitones y el buen tercero, ovacionados en el arrastre, y un cuarto, que hasta rajarse embistió muy bien por el pitón derecho.

David Mora, que retornaba a Sevilla después de la grave cornada que sufrió en 2014 y que le tuvo apartado de los ruedos hasta el pasado febrero, cuando reapareció con éxito en el Palacio de Vistalegre de Madrid, realizó una bella faena, que no remató adecuadamente con la espada, debido a lo cual perdió premio. El madrileño toreó muy bien a la verónica, rematando el saludo con una media acaderada, pura orfebrería. La faena, pulcra, preciosa, brilló especialmente al natural. El diestro comenzó con una tanda de rodillas. En los tercios, dos tandas diestras con buenos muletazos dieron paso a una serie de naturales suaves, a otra de mano baja y pase de pecho forzado. Con esa mano dibujó otros muletazos despaciosos. Todo ello, siempre, con buenos remates, como algún pase del desprecio de cartel. Faena medida, que si hubiera rematado al primer envite y adecuadamente le hubiera valido premio. Tras pinchazo, estocada tendida y trasera y descabello, todo quedó en una fuerte ovación.

David Mora cortó pronto el trasteo con el castaño quinto -el resto de la corrida fueron toros de pinta negra-, el de peor condición del encierro, muy tardo y al que le costaba embestir.

El Cid, que abrió plaza, se las vio en primer lugar con un cinqueño que ya apuntó su mansedumbre en banderillas y que tras la muleta acometió mejor por el pitón izquierdo. El saltereño pasó de puntillas.

Con el cuarto, de generosas y afiladas perchas, que embistió de escándalo en tres tandas antes de rajarse, El Cid, con ligazón, aunque con un toreo al que le faltó reposo, cosechó fuertes ovaciones. Cuando quiso torear con su mano, la izquierda, el toro buscó madera con más ansias que un ebanista. La rúbrica fue muy mala: estocada que hace guardia, pinchazo y estocada. El Cid, tras meterse en el callejón, decidió salir a saludar y el cónclave se decantó por una división de opiniones.

Daniel Luque se enfrentó a dos toros de muy distinta condición. El tercero, muy serio y que fue ovacionado en el arrastre. Luque -¡qué gran capote tiene!- brilló en un quite a la verónica. Se fue a las afueras y sacó buenos muletazos con la diestra, intercalando una arrucina en la última tanda. Con la izquierda, con la muleta retrasada, afloraron medios pases. El bajonazo enfrió al público, que le ovacionó.

Con el imponente sexto, un cinqueño al que le costaba embestir, hizo un gran esfuerzo por agradar. Aquí, sus banderilleros, los hermanos Neiro, saludaron tras un tercio en el que Abraham se libró de una cogida gracias al quite salvador de David Saugar Pirri, un quite que merecía todos los honores y pasó desapercibido. Luque se embraguetó en una faena porfiona y meritoria que cerró con un serio arrimón. No coronó la suerte suprema adecuadamente y todo quedó en una ovación.

El público salió frío tras un espectáculo tenue buscando la alegría y la luz del alumbrado.

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