Feria de lipotimias

MÁS de lipotimias que de cogorzas -esa forma llana de mentar las intoxicaciones etílicas- parece haber sido la Feria que hoy concluye, pero exiguo y alicorto balance sería éste. Sin embargo, ya vendrán las grandes cifras a dar cuenta de las magnitudes mayores, aunque las lipotimias tienen su aquel. De manera genuina, se trata de pérdidas, pasajeras y más o menos repentinas, del sentido y del movimiento. Y en la Feria las ha provocado un calor engreído, que no quiere saber de primaveras y estaba ahíto de embozos y chubasqueros. Por eso decenas de feriantes se las han visto en los servicios médicos, cuando el cuerpo les dijo hasta aquí llego pero ni un paso más. ¿Resultará, por ello, que esta Feria haya sido más de deambular que de alternar? ¿De dar paseos para ver y ser vistos, pero con pocas estaciones de refresco en las que calmar el sofoco de los cuerpos? Algo así, aunque el calor sólo era un barrunto lejano, como en las rebajas de la cuesta de enero -y qué mes no tiene ya cuesta y necesita descuentos-, cuando no se veían bolsas de compra por las calles y eran más frecuentes los apretados escrutinios de los escaparates.

Pero la bruja, que sabe de misterios insondables, de magias recónditas, de voluntades singulares, me reprocha -y así lleva toda la Feria, porque piensa que la he tenido arrinconada, como secundaria de ocasión y no protagonista principal-, me recrimina, digo, la inoportunidad de hacer balances generales cuando la Feria, que de esa guisa empezábamos, habrá sido distinta para cada uno que la cuente. Y que ella, aunque no es filósofa, sino aspirante a maga en una reconversión excelsa de la brujería, comprende que el todo no es la suma de las partes, sino más, e incluso menos, que esa acumulación de pareceres; como a su vez que idénticos efectos no tienen que provenir de similares causas; que todo es menos previsible, más incierto, del todo relativo y a la postre, toma ya, posmoderno. De modo que, en el balance, bien cabe considerar que la fiesta ha dejado indiferentes a pocos de los que han concurrido en el real, sean cuales fueren las razones por que lo hacían. Es más, en un dechado de generosidad, me propone la bruja, y estoy dispuesto a venderle mi alma como prenda de agasajo, que le saque punta al final de la Feria porque, así como hace tres semanas la penitencia y el duelo daban paso a la gloria de las campanas, esta noche los fuegos artificiales consumarán la celebración de la alegría antes de que el lunes nos haga la pascua… de la resaca.

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