Feria de las postrimerías

  • Existen tanto una preferia como una Feria de las postrimerías, que es el colofón agridulce del final de la fiesta

EN fin, preclara bruja del tren, sin darnos cuenta hemos llegado al último día de la Feria, lejos ya de las expectativas de las vísperas… a la vuelta de la esquina.

Pensaba que darle ahora categoría sustantiva a la bruja, en lugar de mentarla tras el tren, iba a ser un guiño que ella agradeciera complacida, pero se ve que no.

-Si crees que vas a conformarme con el orden de un sintagma -así de erudita se manifiesta acudiendo a la gramática- te equivocas del todo.

-No me dirás, entonces, que venda mi alma al diablo para que de ese modo te ganes una comisión de influencia y resultes favorita en el consejo de administración de los aquelarres.

-Qué ocurrente, mira qué ocurrente quieres despacharme cuando ya has sacado buen partido de mis luces.

-Pues esta vez he caído en la cuenta, sin que me lo sugieras, de hablar de la Feria de las postrimerías.

La bruja arruga su nariz para decirme que esta última lucidez es aprendida y que le alegra que haya sacado provecho de su instrucción. Le cuento, entonces, que existen tanto una preferia -Feria antes de la Feria-, pendiente de la ya veremos si novelera modificación del calendario, como una Feria de las postrimerías, de los estertores si se agudiza más la imagen, que viene a ser el colofón agridulce del final de la fiesta.

-Ya, ya, pero, para que veas que soy generosa y desprendida, te daré razones hasta acabar porque eso de las postrimerías tiene mucho que ver con los novísimos de la teología.

Me rindo, definitivamente, ante mi solícita bruja cascarrabias, ya que, es verdad, se alude con ello a las "cosas últimas" que esperan al final de la vida: la muerte, el juicio, el infierno y la gloria. Como si el tránsito tuviera que ver con el purgatorio de la resaca, o esta fuese un duelo en el sepelio de la Feria desvencijada. Y el juicio un balance de las virtudes, y de los pecados, que se practicaron en el real. Y el infierno un mal necesario, no sólo con forma de calle ruidosa y abigarrada, sino como secuela de los abusos del cuerpo y del alma. Y la gloria, así, como Machado, Manuel, proclamó: "… Y Sevilla".

-Contenta me pones, no te lo oculto, y voy a librarte del sortilegio que tenía reservado para que hubieras de buscarme no sólo en estos días propicios, sino cuando te falten luces y razones en el común de las jornadas.

-¡Hechízame, bruja buena!

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