Martes de Feria

Maneras de leer 'Rayuela'

  • Para el feriante poco cartesiano, el mejor programa es el lleno de sorpresas. Doble centenario de Cortázar y Pascual Márquez, con calle en el real. El futuro pregonero de la Velá llegó con escolta trianera.

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ESTE año la analogía está más que justificada. Si ir a la Feria es como leer Rayuela con la guía del juego de la oca, es decir, que la bendita casualidad desbarata el programa del feriante que no es prusiano ni cartesiano, con más motivo cuando pronto se iniciarán los actos del centenario del nacimiento de Julio Cortázar. También nació en 1914 Pascual Márquez, un torero capicúa (1914-1941) y doblemente literario: aparece en La arboleda perdida en el cartel taurino de Pontevedra cuando Alberti hizo el paseíllo con la cuadrilla de Ignacio Sánchez Mejías. El entierro del diestro de Villamanrique de la Condesa, mortalmente cogido por el toro Farolero en Las Ventas, es narrado por Alfonso Grosso en su novela Florido Mayo.

La Feria de abrilenmayo antecede en dos semanas a la Feria del Libro. Las connotaciones literarias del callejero taurino dan idea del páramo cultural que seguiría a una desaparición de la fiesta. Juan Belmonte tuvo en Chaves Nogales a un biógrafo exquisito. Un cronista de raza de cuya muerte en Londres se cumplen este mayo setenta años. Ignacio Sánchez Mejías fue el mecenas de poetas para homenajear a Góngora y la tauromaquia fundacional de Pepe-Hillo aparece en las Cartas de España de Blanco White.

Diego Romero de Solís, catedrático de Estética, paseaba por el real con ademanes camperos. Con quietud de Navaggiero y Boscán por el Generalife, permanecía atento al cruce de carruajes en la esquina de Pepe Luis Vázquez, el torero más longevo, con Joselito el Gallo, el más fugaz, fugacidad eterna, cuya muerte generó una competencia entre los poetas a los que reunió su cuñado en Sevilla.

No todos van a la Feria como quien lee Rayuela. Paula Garvín, que fue portavoz de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Sevilla, entra por la portada con Navascués. En su caso, no hay sorpresas. Siguiendo con el símil libresco, lo leen al modo ortodoxo. Saben dónde van, nadie modifica sus planes. Ni siquiera la caseta del PSOE, que fueran socios de oposición y de gobierno. Está en Antonio Bienvenida, 79-87, números que corresponden a las dos primeras legislaturas de la corporación, los cuatro (últimos) años de Uruñuela y los cuatro (primeros) de Del Valle.

Garvín y Navascués sortean coches de caballos, casetas y feriantes para llegar a La Pecera, donde siempre hay peces rojos de Jean Anouilh. El comisario de Policía Juan Rojo parece el cuarto de los Cantores de Hispalis. Sale de una caseta con los hermanos Mario y Carlos Ruiz González y con Juani Calceteiro. Como no ha visto Ocho apellidos vascos, le cuento la sutileza y delicadeza con la que aparece un miembro de la Benemérita en la película de Martínez-Lázaro mientras caminamos a la caseta La Pareja, donde la Guardia Civil da un refrigerio.

Se vivió un momento mágico. Cantes de Isabel Fayos y soleares de Manuel Melado, flamante pregonero de la Velá de Santa Ana. Por eso se ha hecho acompañar de su trianera Guardia Suiza: Ángel Vela y Emilio Jiménez Díaz, historiadores en prosa y en verso del Trastevere sevillano. Jiménez Díaz trabajó durante 45 años de escaparatista de El Corte Inglés. Se jubiló en Córdoba, de donde llegó a la Feria en el AVE acompañado por los hermanos José, maestro de magos, y Juan Peña, que regenta un restaurante en Córdoba, ciudad en la que hay una calle dedicada al 7 de mayo, día en el que cumplen años el fotógrafo Pablo Juliá, Almudena Grandes y el que suscribe.

Esta caseta tan trianera y cordobesa tiene enjundia literaria. Al calor de una botella de manzanilla fresquita, que Antonio Burgos mide en piscinas olímpicas como hacía el checo Bohumil Hrabal con la cerveza, aparecen ilustres defensores de la causa cultural en sus diferentes frentes. La generación del 127, guarismo de un coche del desarrollismo. Allí están muy cerca del maestro de magos y los pregoneros del Vela y la Velá José Daniel Serrallé, poeta y editor; Manuel Gregorio González, crítico literario y autor de una biografía de Álvaro Cunqueiro con la que ganó el premio Antonio Domínguez Ortiz del género; Alfonso Grosso, crítico de cine y de televisión, estudioso de la nouvelle vague; y Víctor J. Vázquez, actor y profesor de Derecho Constitucional.

Tussam ha convertido un par de paradas del Paseo de Colón en casetas de Feria. Con su pañoleta, las sillas de enea y la cartelería. Un alarde de imaginación. A la hora taurina, los coches van a velocidad de tortuga. Se oyen hasta las sevillanas de El Pali que va escuchando un conductor: "No llores, Torre del Oro, que te voy a hacer un río nuevo con lágrimas de mis ojos". Río que viene de Córdoba y va hasta Sanlúcar, aunque el río del calendario de las ferias irá de Sevilla a Jerez.

La zona de los buñuelos atrae a los foráneos. De la Feria marcharán al Rocío. Parece un concurso de estampas del Museo de Artes y Costumbres Populares. En la Feria nunca es tarde. Si dicen que el cambio climático se va a cargar la primavera, los usos de la Feria han acabado con la merienda. Se olvidan de la cartera y de los donuts. Bendita deshora de los relojes parados en un interminable tiempo muerto, metáfora que será del agrado de José Luis Sáez, presidente de la Federación Española de Baloncesto que ejercía de anfitrión en la ciudad que será sede del Mundial del basket.

Julio Cuesta, presidente de la Fundación Cruzcampo, va a la recepción de Cajasol con Mar Badía, de la cadena Ser. Por el real pasea Carlos Rosado, ponente del Estatuto Andaluz, que creó la Andalucía Film Commision. En los Oscar de la Feria, hace más méritos los figurantes que las figuras.

Del desierto al albero. El viaje de Paco Millán, cineasta del Polígono San Pablo, hijo del director del primer festival de Cine de Sevilla. Ha estrenado Back to Sahara, un largometraje documental que puede verse en el Avenida Multicines. "En Lanzarote estaba al lado de Spiderman y me sentaban las piernas". Millán es del Polígono San Pablo, igual que Paco Cervantes, histórico productor del Loco de la Colina, que aparece por la caseta de la Prensa.

La Feria mejora día a día. Parece que la penitencia de la crisis desterró vanidades, chulerías superfluas. Realismo mágico, pero realista, la cicuta de la recesión devuelve el buen gusto al real.

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