Lunes de Pescaíto

Un alumbrado con relente

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EL cronista es el único viajero del Especial Prado. Ha cogido el autobús junto a los puestos de buñuelos. Los que hacen el trayecto a la inversa van hasta las trancas, casetas sobre ruedas de gente con ganas de Feria. Da igual que cuando entren en el real vean más bufandas que mantones, más paraguas que abanicos.

Junto a la portada de Feria, los músicos apuraban los ensayos. Un paseo de casi una hora por la historia de las sevillanas, según el repertorio que adelantaba Francisco Javier Gutiérrez, director de la Banda Municipal. Sevillanas boleras cantadas por Laura Gallego; sevillanas del siglo XVIII que recuperó García Lorca y cantó La Argentinita; sevillanas de Albéniz; sevillanas-protesta de zarzuela de Chueca. Y Carmen la Cigarrera, por supuesto, con cincuenta bailarines de la Escuela de Danza y un coro lírico con tenor y soprano. El final de Asunción parecía el Carnegie Hall.

La historia de una de las más de mil casetas del real se puede contar con un fondo de sevillanas clásicas. En la pañoleta se lee Fundada en 1930. "La fundó una tía de mi marido", dice Gloria Molina Muñiz, que es la autora de los delicadísimos encajes que adornan la caseta y se casó con el sobrino de la fundadora, doña Carmen Rodero, el 10 de agosto de 1963 en la iglesia del Salvador "ante el Cristo del Amor", recuerda su marido, Luis Rodero, sobrino de la pionera y presidente de esta caseta deliciosamente familiar, con su galería de fotos.

Carmen Rodero era una adelantada a su tiempo. En esa rendija de tiempo entre la dictadura de Primo de Rivera y la II República abrió una caseta de Feria en el Prado. Viuda de Torcuato Pérez de Guzmán, dice su sobrino que el esposo era muy amigo del marqués de Contadero, que evitó la pérdida de la caseta siendo alcalde de Sevilla. "Con carrera, mi tía habría sido ministra". Luis y Carmen celebraron hace dos años y medio sus bodas de oro. "Nos conocimos en una fiesta de picú en la calle Pajaritos".

Hay dos maneras de ver el pabellón de Argentina del 29: el original desde el puente de San Telmo; el evocado en la portada desde la calle Asunción. Hace años, la imagen de la calle, antesala de la Feria, habría pasado por una imagen futurista, casi utópica: una madre lactante en un banco de la calle peatonal; colegialas pedaleando por el carril-bici; niñas patinadoras. Y matrimonios que saben quién fue Laura Valenzuela o Gracita Morales agarrados del brazo camino de la cena en la noche del alumbrado.

En la esquina de Antonio Bienvenida con Curro Romero se ha formado un buen alboroto. Las cámaras de Andalucía Directo quieren llevar el directo a toda Andalucía: las sevillanas bailadas por unas niñas, alumnas de la escuela de danza Hermanas Villaú, de Alcalá de Guadaíra. La imagen no le pasa desapercibida a un norteamericano de San Diego, California. Viene con unos amigos de recorrer España -Madrid, Barcelona, Sevilla- y esto no se lo esperaba. Entrado en años, con ese atuendo de las Brigadas Internacionales, o estuvo en Vietnam o no fue a los Juegos de Moscú por el boicot.

A última hora de la tarde, los porteros van ocupando sus lugares en las diferentes casetas; azafatas de Tío Pepe y La Guita, Jerez vs. Sanlúcar; hay grupos de camareros ya uniformados que se mueven como cuadros artísticos del Bolshoi camino de un destino laboral que aliviará los datos de la Encuesta de Población Activa de los primeros días de mayo.

Antes de que entraran los primeros caballos en el real, anoche, en brazos de una joven, accedió un águila de Harry, ave rapaz de exótica procedencia, en manos de la chica que la cuida. Estaba en su salsa. La Feria, tradicionalmente, es la trastienda del patio de Monipodio de los buitres urbanos. El viento dio cuenta de muchos farolillos, pero eso es reversible. Las ganas de pasarlo bien, de pasar página a tanta tribulación, son un material rocoso a prueba de tornados.

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