De bombillas a Fuegos

  • El tiempo en sazón de la Feria es un ciclo intenso que se reparte en seis jornadas granadas

DE las bombillas de bajo consumo a los fuegos de artificio. Del alumbrao del arranque a la cohetería del fin de fiesta. De la feria de año en año a la feria en sesión continua, que la bruja mañana mismo se las apañará con un conjuro laboral para desmontar el tren y trasladarlo a otro recinto de la fiesta. Porque hoy la Feria está jugando los últimos minutos de la prórroga de abril, pero con la delantera de agosto, para ganarle el partido al desánimo. Después vendrá el tiempo del balance, en magnitudes menos glamurosas y estéticas que las referencias que han ilustrado la sucesión de las jornadas en el universo del real. Que si tantos litros de cerveza, que si tantas medias botellas de manzanilla, que si tal multiplicación de cada euro gastado en dinero circulante. Como si hubiera que buscar excusas "macroeconómicas" -ay, cómo tira el discurso de la crisis- para una celebración en la que cada cual -en su "micro" particular- bien sabe la relación entre coste y beneficio. Vamos, que tengo un colega animoso al que las lipotimias del calor -algunas lenguas afiladas dicen que de la edad- no le han impedido cumplir con los oficios festivos, y hasta ha proclamado por WhatsApp, de manera fervorosa, que no había vida sino entre la acaparadora animación de la caseta. Algo así como abducido para la causa en el cruce por sevillanas y dispuesto al proselitismo para convencer a los objetores sosos.

Si bien a la Feria no le caben los modos universales o absolutos, ya que, silenciado el estruendo del fin de fiesta, apagadas las luces en la tenue agonía de las despedidas, diezmada la tropa de los farolillos por el batallón de la normalidad, habrá quienes concluyan con que les quiten lo bailao, a sabiendas de que, cuando el disfrute es genuino, no es posible deshacerlo. Pero también otros a los que la Feria habrá empachado con el compromiso y la voluntad a desganas. Como gente aferrada al abanico, sin descontar todavía el cuarenta de mayo -al cabo estamos en el treinta y tantos de abril-, y otra haciendo turnos para no dejar libre la mesa más protegida del sofoco por el aire acondicionado.

De higos a brevas se dice, entonces, para referir lo que ocurre de tanto en tanto, cada mucho tiempo. Y de bombillas a fuegos es el tiempo en sazón de la Feria, un ciclo intenso y vitalista que se reparte en seis jornadas granadas. Y sólo falta, en fin, que la bruja, como en sus mejores tiempos, haga piruetas y acrobacias con su escoba, entre el estallido de los cohetes, para indicar que la Feria se acabó.

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