la crónica del jueves

La ciudad se viste de luces

  • En un real con calles de nombres taurinos reinó un jueves con clima y ambiente muy favorables

  • El paseo de caballos es un atractivo extra para los visitantes extranjeros

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Retoques de última hora en el traje de flamenca dentro de una de las casetas. Retoques de última hora en el traje de flamenca dentro de una de las casetas.

Retoques de última hora en el traje de flamenca dentro de una de las casetas. / juan carlos vázquez

ESTO no ocurría en el recinto ferial, pero es Feria pura. La mirada es como una cámara. Cuatro músicos interpretan un pasodoble en la Avenida de la Constitución, junto a la Fnac. Dos chicas, bajo el embrujo del ritmo, se socorren sobre el andén del tranvía en la colocación de sus trajes de gitana. Un coche de caballos se dirige a Hernando Colón. Un hombre que ya calza nietos y recuerdos camina por la plaza de San Francisco, junto al Arquillo; en una mano, una muleta; en la otra, una almohadilla. Se cruza con dos africanas que llevan sobre sus cabezas las cestas con sus artilugios, como modelos de Xavier Cugat con colores de Gauguin. En Laredo, dos jóvenes se prestan a que familias de fuera las fotografíen. Una lleva un traje rojo; la otra, negro. Se llaman Laura y María y cuando el periodista les habla del síndrome de Stendhal pensarán que la gente cada vez hace cosas más raras para ligar. Rojo y Negro.

Esta otra escena sí sucede dentro del real de la Feria. En todo el cogollo. Joselito el Gallo esquina con Chicuelo. Dos chicas se multiplican para saludar, en ocasiones besar, a cada uno de los siete jinetes que acaban de apostarse en ese eje del real. Algunos no saben dónde meterse el móvil, que es como una fusta en miniatura. A los caballos igual les pasa con el móvil lo que a los monos con el habla según el cuento de Lugones: que saben hablar, pero no lo hacen por miedo a que los pongan a trabajar. Los jinetes son jovencísimos, carne de cañón en las películas bélicas. Uno de ellos tiene la voz cantante y da la orden de partir. Las chicas son puro crepúsculo. Se llaman Blanca y Ángela y nacieron en 1999. El mismo año, les digo, que este periódico. Les pregunto qué tienen en común esos siete chicos, el número de los samuráis de Kurosawa, de los magníficos del western legendario. "Les unen los colegios, el San Francisco de Paula, las Esclavas", me dicen casi al alimón, "les unen las hermandades, el mundo cofrade une mucho; les une el Rocío y por supuesto les une el caballo". Y el número siete, que tiene muchos devotos. Y algo también los toros.

Son siete jinetes como los samuráis de Kurosawa y los magníficos del Oeste

La caballería juvenil marcha en dirección a Bombita. Ángela y Blanca los volverán a ver después. No son de las numerosas adolescentes que van por Asunción pertrechadas con la liturgia de la botellona. Botellas de Seven Up de litro y medio para el rebujito doméstico. Ayer hubo Jueves en la calle Feria y hay Feria en la calle Jueves, que es el nombre que todas las calles recibían ayer en el real, santo jueves sin inclemencias ni impertinencias. Apoteosis de los usos y costumbres. En la tramoya de la Feria debe trabajar el alma de la ciudad, la que consigue ese milagro que la prosa convierte en estadísticas y porcentajes y la poesía en intercesión de una providencia vernácula. Sevilla en Feria se interpreta a sí misma en una película con guión de Aníbal González, Manuel Machado, Realito, Blasco Garzón, Chaves Nogales, Gustavo Bacarisas y Sánchez Mejías. Una película de primavera que ya prepara los cimientos del cine de verano en la caseta de la que es socio Luis Rodríguez, que nació, ¡respetadlo!, la interjección es de Alberti, con el cine, con las máquinas que manejaba su padre en salas de media Sevilla. Los termómetros anuncian la inminencia de la selecta nevería. En la caseta está la hija del distribuidor de las películas de James Bond, Sean Connery y James Bond, aunque Luis dice que los reyes del mambo eran Esteso y Pajares, "mi padre tuvo que contratar tres porteros cuando puso Los bingueros".

Hubo Jueves en la calle Feria y hubo Feria en todas las calles de este santo Jueves

Francisco Cervantes, el productor que fue psiquiatra del Loco de la Colina, pasa por la caseta de la Prensa. Hay casetas de nombre misterioso: Los Desesperados, Los Tímidos, Los Primos. Pasea con su esposa Camilo Lebón, maestro de economistas. En Pineda sobresale la estela imperial de Rafael Peralta. En sendas esquinas de Pepe Luis Vázquez aparecen Gonzalo de Madariaga y Francisco O'Kean.

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