Un lujo injustamente tratado

ESTA tercera entrega va a tratar de recordar una de las mayores injusticias cometidas en la Historia del Toreo. Quizá su figura poco esbelta y su calvicie fueran factores decisivos para que un torero de su grandiosidad pasase fuera de sitio por la Fiesta. Nunca tuvo el reconocimiento debido por parte de las empresas aunque fuese considerado torero de toreros. Sólo su reconocida destreza con la espada obtuvo el refrendo generalizado y únicamente con el paso de los años se está reconociendo la pureza de su toreo con capote y muleta, especialmente en esas suertes básicas del toreo como son la verónica y el natural.

Rafael Ortega, nacido en la Isla de León el 4 de julio de 1921, estuvo en nueve ferias de Sevilla y se anunció en veintidós corridas del ciclo abrileño. Pero no hay que dejar mucho espacio para desvelar que pertenece al muy reducido club de toreros que han cortado dos rabos en Sevilla tras la Guerra Civil. Junto a Chicuelo y César Girón completa el trío de toreros que repitieron en la Maestranza la gesta de hacerse con los máximos trofeos. Un rabo le cortó el 12 de octubre de 1952 a un toro de Salvador Guardiola y el otro fue de uno de Miura en la Feria de 1956, justamente el 20 de abril.

Debutó como matador de toros en Sevilla el Domingo de Resurrección de 1950 con una corrida de Juan Guardiola. Le acompañaron esa tarde Paquito Muñoz y Manolo Carmona para testificar el éxito de Ortega con corte de oreja. No pasó nada en sus dos tardes siguientes, la primera con toros de Salvador Guardiola y acompañado por Paquito Muñoz y Manuel dos Santos, y la segunda con toros de Montalvo junto a Pepe Luis, Paquito Muñoz y Manolo Carmona, que fue el triunfador.

No vino en 1951 y pasó sin pena ni gloria por la de 1952. El Domingo de Resurrección mató la corrida de María Luisa Domínguez junto al peruano Raúl Ochoa Rovira y el algabeño Jaime Malaver. Con una tarde de perros se cerraba la Feria con la de Miura para un cartel formado por Ángel Peralta, Rovira, Ortega y Antonio Chaves Flores. Recrudeció la lluvia al final del paseo y sólo pudo lidiarse el primero, por lo que únicamente Rovira se puso delante aquella tarde.

En la de 1953 arranca con triunfo el 20 de abril en la corrida de Tassara junto a Emilio Ortuño Jumillano y el azteca Jorge Aguilar El Ranchero. Dos días después entra la corrida en la crónica de sucesos. Fue una Feria muy lluviosa y ese miércoles caían las canales. El presidente del festejo, que era el teniente de alcalde Jover Tripladi, advierte a la terna que si empieza la corrida hay que terminarla por mucho que llueva y los toreros acceden.

Se lidian toros de Bohórquez para Rafael Ortega, el cordobés Calerito y Manolo Vázquez. Llueve a mares, matan tres toros y cuando sale el cuarto no aparece ningún torero a pararlo, ya que el fangal es tremendo. El presidente llama a los toreros y éstos dicen que están dispuestos a cumplir su palabra, pero no así los picadores y los banderilleros. Son detenidos matadores y cuadrillas y conducidos a la Comisaría, sita en la calle Sauceda esquina a Monsalves.

Allí se visten de calle y les mandan la cena desde el Bar Flor, que estaba en la esquina de O'Donnell y San Eloy. Todo queda en una multa de 15.000 pesetas a cada uno de los matadores y a partir de esta tarde ya presidió un comisario de Policía y no un edil. Ortega torea tres días después la de Cobaleda junto al triunfador de la tarde, el mexicano Jesús Córdoba, y Jumillano.

En 1954 se anuncia dos tardes, en la de Miura con Domingo Ortega y Manolo Vázquez y en la de Santa Coloma junto a Cayetano Ordóñez, Dámaso Gómez y Alfredo Leal. En esta corrida con los toros de Bucaré, reverdece laureles Rafael Ortega, pero en esa Feria todo quedará arrasado por un tifón caribeño llamado César Girón, que cortó un rabo en cada una de sus dos tardes.

En la del 55 desoreja a un toro de Villamarta el Domingo de Resurrección y tras matar la de Miura le corta las orejas a un toro de Guardiola el 23 junto a Joaquín Pareja Obregón, Cayetano Ordóñez y Antonio Chaves Flores. Y al año siguiente, la apoteosis del rabo a un toro de Miura el 20 de abril junto a Antonio Ordóñez y Gregorio Sánchez tras haberle cortado la oreja a un toro de Núñez el día anterior con Ordóñez y César Girón. A pesar del rabo, ausente al año siguiente para volver triunfante en 1958 cortándole las orejas a un toro de Antonio Pérez el 20 de abril en tarde compartida triunfalmente con Ordóñez y Jaime Ostos. Mata también la corrida de Miura y cierra con la de Villamarta.

En 1959 desoreja a un miura el 20 con Ángel Peralta, Curro Girón y El Trianero tras haber matado la de Guardiola junto a Salvador Guardiola, Gregorio Sánchez y Curro Girón. Se retira varios años y se despide de Sevilla el 19 de abril de 1967 desorejando a un toro de Pallarés y saliendo en hombros junto a Jaime Ostos, que completaba la terna con Antoñete. En el recuerdo un torerazo injustamente tratado y al que el paso del tiempo le está dando el sitio que no le dieron las empresas en activo. Falleció en Cádiz el 18 de diciembre de 1997.

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