Domingo de Feria

La magia de los fuegos puso fin a otra Feria

  • Acabó una Feria marcada por celebrarse en mayo y por las elevadas temperaturas.

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Termina la Feria en la tercera jornada de campaña de las Europeas. A modo de crónica general de indios, con derechos de autor de Bernal Díaz del Castillo, no estaba de más una encuesta del CIS Campeador por las casetas de los partidos con Babieca compartiendo correaje con el caballo de Manolo Aspirina.

Lo que no imaginaba el cronista es que no era el único que tenía esas intenciones partidistas. "Es que yo soy comunista y ella es del PP", dice Adolfo González sobre Paqui. Él trabaja en el campo, "de camarero y de lo que salga". Ella es autónoma, "trabajo en una panadería y tengo un bar". Les acompaña su amigo Ramón. Son de Almedinilla, pueblo cordobés próximo a Priego, cuna de Niceto Alcalá-Zamora, el conservador que presidió la II República cuyos colores están en los farolillos de La PCEra junto a la hoz y el martillo. "Hemos ido a la del PP, ahora en La PCEra y después pasaremos por la del PSOE". La meta última era la Maestranza, donde toreaban El Cid, Iván Fandiño y Antonio Ferrera.

En la caseta del PSOE (Antonio Bienvenida, 79-87) se han acabado los pasteles y en La PCEra no hay café. La menos ambientada es la del PP (calle Pascual Márquez), pero es la única donde sirven la cerveza en vasos de cristal. Está entre las casetas La Cosa está mu malay la Peña Sevillista Al Relente, junto a la peña bética San Bernardo. El domingo es el día de los barrios. Del hombre-lobo de Pino Montano del que hablaba Kiko Veneno en su canción.

En la caseta del PSOE suenan sevillanas del Pali, de Mártires del Compás y las sevillanas del adiós de Garrido Palacios. El catering es de Juan Ortiz. Las "croquetas de mi madre", que figuran en la carta, serán de la madre de Juan Ortiz. Los porteros de la caseta son africanos. En La PCEra no hay catering. Un cartel recuerda que son voluntarios del Partido Comunista. Hay un mostrador para las tapas, otro para las bebidas y se recupera la estética del cine de verano en la taquilla de los tiques. Hay fotografías de Pasionaria, Hugo Chávez, Che Guevara y Zoido (con nariz de Pinocho) y suben el altavoz de las rumbas para equilibrar las sevillanas de la caseta vecina, del grupo de empresa de Airbus Military: "qué poderío, qué poderío, qué poderío, tiene que tiene, tiene la Feria, tiene el Rocío".

Los chocos son dos euros más baratos en la caseta del PSOE que en la del PP. En la PCEra, montaditos y serranitos son dobles. Adolfo, Paqui y Ramón se van para los toros. Hay una cámara de Tele 5 en la esquina de Curro Romero con Antonio Bienvenida.

El calor aprieta. La ciudad está desierta. Sierpes solitaria, salvo los veladores de La Campana y el saxofonista que toca algo de Machín. Por el real deambulan aficionados del Valladolid que vienen a Heliópolis a salvarse. También los han visto en la Avenida, por la Catedral, y más de uno, por el color albivioleta de sus camisetas, habrá pensado en alguna procesión del catecumenado de los últimos días o de la vigilia del Lunes de Resaca. La gente aguardaba los fuegos artificiales. Mágica pirotecnia del remate final.

Sol y sevillanas en el patio del hotel Alfonso XIII. Las playas estarían a tope y en las casetas se estaba como nunca. La penúltima en el último día, antes de la liturgia del desmontaje. El melancólico acabóse de la transición de la Feria al Corpus con baile de los seises. El centro se vestía de abulia y bostezo, de mojito y aperitivo. El músico y actor Fernando Mansilla paseaba por la Alameda; el farmacéutico Manuel Machuca, por Tetuán. Los dos con novela en las estanterías, Canijo y El guacamayo rojo, respectivamente. El arquitecto Jak Vautherin, constructor de mezquitas, caminaba junto a la Casa de las Sirenas. Los autobuses ya no iban tan llenos como los días anteriores, aunque eran improvisados probadores de trajes de gitana.

Una Feria más. Una Feria menos. La próxima es primavera de elecciones municipales. En las casetas de las peñas sevillistas -Puerta Carmona, San Bernardo- hacían las cábalas para sus particulares europeas, el viaje a Turín, tercera escala de las expediciones a Eindhoven y Glasgow. Los aficionados del Valladolid se iban para el fútbol. Algunos paraban antes en su particular consulado, la caseta de Casa de Soria.

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