Los escritores

Amplísimo censo de autores con identidades muy diversas

  • Lejos ya de la cultura localista de mediados de siglo y de la necesidad de identificarse en un grupo literario, los autores sevillanos despuntan desde su individualidad. Nuevos certámenes, premios, jornadas. El panorama está cambiando.

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Normas de estilo, rasgos de identidad y un tema recurrente. Era principios del siglo XX y los intelectuales hablaban de una escuela literaria sevillana. Hoy es también principio de siglo pero han cambiado las influencias, estilos e incluso el rol del territorio como elemento vertebrador. Es la época de la globalización, la transculturación y las grandes ventas. Sevilla cobra peso de otro modo en el panorama nacional.

Nombres como Eva Díaz Pérez, finalista del Premio Nadal por El club de la Memoria (Destino) y Antonio Rivero Taravillo, Premio Comillas por su biografía Luis Cernuda. Años Españoles (1908-1932) (Tusquets) suenan fuerte. Aquilino Duque es otro de los autores con eco. Resultó finalista del Premio Fundación José Manuel Lara con La loca de Chillán (Pre-Textos), volviendo a la actualidad literaria cuatro años después de El piojo rojo. En esta ocasión, traza una historia de conspiraciones e intrigas en la que mantiene frescos el sentido el humor y la crítica. “Observo la vida real y entremezclo la crónica con reflexiones sobre el momento en que vivimos”, apunta.

Y de conspiraciones va también la novela de Andrés Pérez Domínguez, El factor Einstein (MR), una trama de espías que nace con vocación de best seller, como el último trabajo de Fernando García Calderón: La resonancia del disparo (Algaida).

En esas anda también Juan Eslava Galán, uno de los autores más fecundos, con más de cincuenta títulos. Acaba de publicar Los años del miedo (Planeta), una suerte de anecdotario de la posguerra en la que retrata a Franco como “un ideólogo sin ideología”.

La historia novelada ha sobrevivido a la “fiebre de los códigos”. El género ha evolucionado hacia textos más cuidados y apoyados en un trabajo de campo riguroso. A estas características responden El legado del hereje de Francisco Núñez Roldán y El ermitaño del rey, con el que Julio Manuel de la Rosa ganó el Premio Andalucía de la Crítica.

En un intento de dar una vuelta de tuerca al género,  autores como Isaac Rosa aportan una visión crítica de sus propias creaciones. Ésta es la fórmula que utiliza en Otra maldita novela sobre la Guerra Civil, que resultó finalista del Premio Fundación Lara del año pasado.

De la historia al ensayo, o ambos a la vez. Así se metió  Manuel Gregorio González en la aventura de escribir la biografía de Álvaro Cunqueiro y ahora repite con El arte inútil (Metropolisiana), donde reflexiona sobre la caducidad del hecho artístico.

Escribir en corto

“Lo poético es como un alma añadida y profunda a nuestro intento de expresar la realidad en distintos niveles”, considera Julia Uceda, y esa poética está presente en el primer libro de relatos, Luz sobre friso (Menoscuarto). También ha echado manos de la narración en corto el escritor Salvador Compán en Cuídate de los poemas de amor (Almuzara), una recopilación de cuentos sobre la sentimentalidad y la explosión del deseo. “Son todos los que he escrito y no llegué a romper”, asegura.

En el panorama poético, 2008 está siendo interesante. Dos jóvenes sevillanos fueron accésits del Premio Adonais: Diego Vaya, con El libro del viento y Pablo Moreno, con Discurso de la ceniza, ambos editados en Rialp. Dos estilos diferentes que conviven en la misma generación. En el caso de este último, es su tercer libro, habiendo publicado poemas en la revista Númenor. De la misma forma, Ramón Simón publica Sombras pequeñas en la editorial de este sello como antes lo han hecho Jesús Beades,  Juan José Cerero, Rocío Arana o Joaquín Moreno Pedrosa, a los que les une un gusto por el verso clásico. Todos organizan y colaboran en los Encuentros Poéticos de Otoño.

La concepción práctica de la poesía es un rasgo que define al colectivo La Palabra Itinerante. Productiva es también la actividad del grupo Cangrejo Pistolero, que capitanea Nuria Mezquita, inmerso en la tarea editorial y en organizar eventos como Las noches del Cangrejo.

Y de la evocación bucólica de la vida, Rafael Adolfo Téllez presenta su poesía completa en Los pasos lejanos (La Veleta), una obra en la que “he llegado a sentirme un pastor que ama la naturaleza”, considera. El sevillano Fernando Ortiz ha recopilado también todos sus poemas en Vieja amiga (Almuzara). Desde Primera despedida (1978) hasta Postdata (1999), Ortiz hace un recorrido por toda su obra incluyendo composiciones inéditas.

Juan Lamillar tampoco ha querido dejar pasar en blanco 2008 y ha publicado La hora secreta, una antología en la que el autor reflexiona sobre el tiempo, la luz y la muerte, una temática recurrente en su obra.

El censo de escritores en Sevilla es amplísimo. Desde un historiador como Antonio Miguel Bernal, Premio Nacional de Historia, a otros como Carlos Martínez Shaw  y Juan Gil Fernández. Periodistas y escritores de éxito como Nicolás Salas y, Manuel Barrios. Narradores que destilan humor e ironía como Hipólito González Navarro, José Antonio Ramírez Lozano y Fernando Iwasaki. Novelistas de otro rumbo como Eduardo Jordá y Luis Manuel Ruiz. Poetas como José Antonio Moreno Jurado, Jacobo Cortines y Carmelo Guillén.  Referentes de la literatura infantil como Antonio Rodríguez Almodóvar y Eliacer Cansino.  Dramaturgos como Alfonso Zurro, Antonio Álamo y Antonio Onetti.  E incluso traductores de primera fila en España como José Luis Reina Palazón, Blanca Tortajada, Carmen Vilela y Fernando Navarro Antolín.

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