Alcantud denuncia el tráfico de niños encubierto por el fútbol

Diamantes negros, la cuarta película dirigida por Miguel Alcantud, pretende denunciar, con un formato de ficción pero cercano al documental, el tráfico de niños africanos hacia Europa con la promesa de convertirlos en estrellas del fútbol y cómo son abandonados cuando no triunfan en el deporte. "Ha sido una película hecha desde la verdad, implicándonos e insertándonos dentro de Mali. El guión lo hemos chequeado con la gente de allí para no hacer la visión del blanco que va a Mali", afirmó ayer Alcantud, que presentó la cinta en la sección oficial del decimosexto Festival de Málaga.

El director conoció bien esta situación a raíz de un documental que le mostró "que era un problema real y no algo residual de tres o cuatro personas", y después estuvo en Mali como cooperante y empezó a "atar cabos". También supo de la existencia en Francia de una ONG de un exfutbolista camerunés que ayuda a niños africanos e intenta reinsertarlos, "porque vienen con 14 o 15 años sin formar y cuando los abandonan no tienen recursos". "La película es un drama, muy documentado y basado en hechos reales, porque todo esto le ha pasado a alguien que he conocido, y ha sido dramatizado y estructurado. No nos interesaba hacer una crónica periodística ni tremendismo, hay casos más duros, pero el caso medio es por donde estamos nosotros", añadió. Si no triunfan, "a estos niños los dejan tirados en la calle y no pueden volver a Africa por una cuestión entre cultural y económica, porque sus familias ponen mucho dinero, los niños pasan a ser el cabeza de familia y tienen que mantenerla, y si vuelven se convierten en un paria". Alcantud lamentó que en la fase de documentación intentó sin éxito recabar la colaboración tanto del Real Madrid como del Barcelona, y sólo recibió ayuda del Atlético de Madrid.

Uno de los protagonistas es el maliense Alassane Diakite, quien explicó que ha vivido en sus carnes "el 95% de lo que aparece en la película", después de haber viajado a Francia, donde se alojó con un visado para dos meses "en la casa de un representante que mentía cada día".

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