Xavi Puebla explora la condición humana en 'Bienvenido a Farewell-Gutmann'

  • El director ha presentado un drama ambientado en una oficina, en la que se producirá un pugna para conseguir un ascenso. Adolfo Fernández, Ana Fernández, Lluís Soler y Héctor Colomé son los protagonistas

El director Xavi Puebla explora la condición humana sometida a determinadas circunstancias en su segunda película, "Bienvenido a Farewell-Gutmann", que se desarrolla en una oficina en la que se producirá una pugna para conseguir un ascenso.

Farewell-Gutmann es una empresa farmacéutica cuyo director de Recursos Humanos ha muerto, por lo que aspiran a la vacante Lázaro (Adolfo Fernández), Adela (Ana Fernández) y Fernando (Lluís Soler), que serán puestos a prueba por el directivo Luger (Héctor Colomé).

Puebla ha señalado hoy que desde el inicio del proyecto tuvo clara la idea de buscar "una evolución del tono, partir de una premisa realista y un contexto reconocible, pero que se fuera resquebrajando poco a poco".

De esta forma, el espectador podría "hacer el mismo viaje introspectivo que los personajes", según el director, que presenta hoy la película en la sección oficial a concurso del undécimo Festival de Cine Español de Málaga.

Respecto a las referencias a otros títulos de temática similar como "El método Gronholm", ha apuntado que "es normal que salgan películas sobre la importancia del trabajo en nuestras vidas", aunque en su caso no le interesaba la acción, "sino lo que se podía extraer del mundo del trabajo".

Por ello, el tema del trabajo no sería el centro de la historia, con la que quería hablar "de las enfermedades del alma y las neurosis contemporáneas que pueden estar vinculadas con el mundo del trabajo".

Colomé ha calificado a Luger como "un personaje atemporal, sin pasado ni futuro", que puede considerarse "como el otro yo o como un viaje interior de cada uno de los otros personajes".

Por su parte, a juicio de Adolfo Fernández los protagonistas de la película son unos individuos "vacíos, inanes y futiles", y se dan unas circunstancias en las que "los que eran amigos o amantes dejan de serlo y sale lo peor de ellos mismos para pugnar".

Para Lluís Soler, éste es su "bautizo cinematográfico", y se produce en una cinta que recuerda en algunos aspectos a "El método Gronholm", precisamente la obra de la que lleva ochocientas funciones en el teatro.

Soler considera que la forma de ambas historias "puede ser la misma, pero el fondo es completamente diferente", puesto que "El método Gronholm" va "más hacia la comedia" y en ésta pesan más las "relaciones humanas" entre los tres aspirantes al puesto.

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