La obsesión de ser un ganador

  • El Festival acogió ayer 'Callback', filme que muestra el lado más oscuro de Nueva York y de aquellos que transforman el reto del éxito en pesadilla.

Larry quiere ser un ganador. Quiere aparecer en televisión, hacer un anuncio, ser una cara reconocida, trasladarse de su piso de Brooklyn a Manhattan, cumplir su sueño americano. Asiste con insistencia a castings publicitarios mientras trabaja en una empresa de mudanzas. Detesta a los inmigrantes, a los indigentes, a los homosexuales, a los que considera perdedores, reniega de sus orígenes hispanos, finge ser quien no es, se mimetiza con su entorno como un depredador a la espera de su víctima y está dispuesto a todo por conseguir ese minuto de gloria que le haga ser alguien especial. Un éxito alentado por su predicador evangelista, pero poco comprendido por otros personajes de su entorno. En una Nueva York dura y terrible, muy lejos de la fascinación de los rascacielos, se sitúa el protagonista absoluto de Callback, la cinta del cineasta catalán Carles Torras que se presentó ayer a concurso en la Sección Oficial. El actor chileno Martín Bacigalupo, afincado en esta ciudad desde hace siete años, también participó en la elaboración del guión, que surgió cuando ambos se conocieron en Estados Unidos.

"Los dos coincidíamos en resaltar la realidad tan dura que viven aquellos que intentan abrirse camino y queríamos explorar el lado más oscuro a través de la personalidad disfuncional de Larry", explicó ayer Torras tras el pase de la película. Con un presupuesto modesto lograron llevar hasta Nueva York a un equipo de rodaje español para llevar a cabo la cinta que se proyectó por primera vez en Málaga. "Larry tiene una gran obsesión por conseguir sus objetivos, pretende aparentar quien no es, se avergüenza de sus orígenes y se crea una identidad con un nombre italoamericano", agregó el director del largometraje.

Martín Bacigalupo sabe bien de lo que habla la película y asegura que no le costó demasiado meterse en la piel de este personaje que intenta encajar en una sociedad que no le pertenece. "Conozco Nueva York, el lugar y su idiosincracia, sus gentes, soy un emigrante hispano y también he trabajado como actor, por lo que he ido a audiciones, todo esto me era más que familiar", comentó el actor. El desafío fue, como señaló Bacigalupo, encarar un proyecto en el que iba a estar presente en la totalidad de los planos. Como se rodó en tres etapas "intenté identificar la tecla para volver a ella, mantener el tono", añadió.

Para Bacigalupo, hay situaciones planteadas en el largometraje con las que "cualquiera se siente identificado, cuando estás cerca de lograr lo que has esperado durante tanto tiempo te puede llevar al límete". Mientras que Larry intenta encajar hablando a la perfección un idioma que no es el suyo, colocando banderas americanas en diversos rincones de casa, asistiendo a las charlas del pastor para sentirse parte de la comunidad y consiguiendo identidades falsas para poder trabajar como un americano más, "hay algo que chirría, que falla, se muestra ese choque entre él y la realidad impactante que no le permite encajar", dijo Carles Torras.

En este camino hacia su propio infierno comente "actos deleznables" que le convertirán en un ser incómodo del que el público no sabrá bien si sentir asco o lástima. "Me interesan los personajes que se resisten a adaptarse a lo establecido, a las normas sociales, no me interesa el cine conformista", apuntó el cineasta que utiliza el sonido propio de cada elemento y una puesta en escena sin recursos superficiales "para atrapar al espectador, es como pedir un bistec poco hecho y sin salsa para apreciar realmente el sabor de la carne", sostuvo Torras.

Timothy Gibbs se pone en la piel del pastor, otro "personaje que comparte con Larry la necesidad de encajar aunque lo hace a través de la voz de la Iglesia". Y todo en una ciudad que es capaz de inspirar tanto como desequilibrar.

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