Cuando la realidad supera a la ficción

  • Productores, programadores, distribuidores y realizadores destacan el nivel de la sección documental del certamen, que cuenta con un ingrediente básico: la gran respuesta del público.

Hay momentos en los que pasa desapercibida. Apenas trae caras conocidas, la atención mediática es menor y su presencia en el Teatro Cervantes, epicentro del Festival de Málaga, es casi testimonial. El documental es el hermano pequeño del cine nacional, con apenas hueco en carteleras y festivales. Sin embargo, la Sección Documental de la cita malagueña es hoy una de las más respetadas del país a la altura de la Seminci de Valladolid o el festival de San Sebastián. Los directores celebran que Málaga sea el lugar para estrenar sus películas en España, los productores agradecen la visibilidad que ello les da y el público es, finalmente, el más afortunado: difícil encontrar tan buen cine documental en tan pocos días, ya sea en largometrajes o en cortometrajes del género. Y aún más complicado tener la opción de debatir sobre las películas con sus realizadores.

Los documentales forman parte del Festival de Málaga desde su cuarta edición. Surgieron de la mano de Moisés Salama y Patricio Guzmán y, tres años después, la sección pasó a ser competitiva con Javier Riollo en el equipo y sin Guzmán. Desde entonces, por ella han pasado algunos de los grandes nombres del documental nacional y latinoamericano: desde Isaki Lacuesta a Mercedes Álvarez, Javier Corcuera, Ricardo Íscar, Andrés di Tella o el malagueño David Muñoz. Porque desde el principio, y más allá de los premios o de quien consiga hoy alguna Biznaga de Plata, el Festival de Málaga ha conseguido ser atractivo para el sector del documental. "Es algo de lo que debemos sentirnos muy orgullosos y que creo el festival se ha ganado a pulso el reconocimiento a la sección documental con todo el trabajo de estos años", explica Moisés Salama, responsable de programación y contenidos del Festival de Málaga y miembro de su equipo de dirección. Salama cuenta ahora con un equipo que hace cada vez más importante esta sección: Mirito Torreiro, Concha Barquero, Miguel Ángel Oeste y Alejandro Alvarado. "Siempre hemos tenido mucho interés en el documental y hemos intentado que la sección esté siempre en vanguardia", contaba el propio director del Festival, Juan Antonio Vigar, durante su intervención en la presentación del cuarto Encuentro Documental.

Este año se han inscrito al festival algo más de 500 documentales, clara muestra de la importancia que los realizadores dan a la cita. "Una de las primeras citas que se plantea cualquier director o productor a la hora de presentar su película en España es Málaga", explica Andrés Luque, una de las personas que más sabe de producción documental en este país como productor ejecutivo de documentales en Televisión Española. "Primero porque es un festival de cine español donde, es cierto, se presta mucha atención a la ficción; pero también al documental. Es importante de que tu película pueda estar aquí en competición o presentación, porque por este festival pasa lo más importante del cine: los medios, la producción… Y es muy buena esa gran visibilidad que te da", añade Luque, con gran relación con el Festival de Málaga también en su faceta de director de ficción gracias a sus películas Agallas y Tiempo sin aire.

Sus palabras las ratifica el escritor, fotógrafo y realizador Jordi Esteva: "Para mí es un sueño estar en Málaga. Desde que empezamos a mover la película me pareció el lugar más idóneo para realizar el estreno en España", cuenta el director de Socotra, la isla de los genios, que se proyectó el pasado lunes. "Málaga es una cita obligada para mí. Hay festivales a los que voy sólo cuando tengo una película o presento algo, pero aquí siempre vengo: son días de buen cine, donde hay documentales estupendos y que te permite ver trabajos que en otros muchos festivales no seleccionan", afirma Albert Solé, director y productor con cuatro Biznagas de plata, dos de ellas en 2010 por Al final de la Escapada y otras dos por Gabor, que triunfó hace dos años en una sección que encumbró a Ciutat Morta, dirigida por Xavier Artigas y Xapo Ortega.

Ciutat Morta es un buen ejemplo del impulso que supone recibir un premio en Málaga: desde su triunfo en el festival la cinta no dejó de crecer. Lo confirma la última ganadora, Carolina Astudillo, con su película El Gran Vuelo: "La Biznaga de Plata indudablemente le dio mayor visibilidad en los medios de comunicación y facilitó su exhibición en otros festivales", asegura la realizadora chilena afincada en Barcelona. La suya, como Ciutat Morta, fueron películas concebidas y desarrolladas al margen de la industria, de manera más independiente, una de las características del género documental nacional. Un cine basado en lo real que vive una época dorada gracias a cineastas y equipos que se preocupan mucho de sus historias y de cómo contarlas más allá de la financiación, que es un problema ya casi endémico del sector. "Es uno de los grandes problemas: basta ya de documentales sin presupuesto, de buenos cineastas que hacen películas porque es su pasión pero no pueden vivir de ello", subraya Moisés Salama. "Es necesario que las televisiones, principales valedores de financiación de películas documentales, también recojan estas apuestas cinematográficas para que pueda llegar a consolidarse este tipo de lenguajes, y lograr asentar este tejido cultural", añade el malagueño Jorge Peña. Lo que cuentan, eso sí, no es nuevo ni llegado con la crisis. Lo contaba ya el director Carles Bosch en 2007 en una entrevista en este periódico: a pesar de su nominación a los Óscars con Balseros, para su siguiente película, Septiembres, debió hipotecar su casa y pedir un crédito hasta que encontró productor.

La variedad de documentales del festival ha sido una de sus señas de identidad, como ha demostrado esta su 19 edición. Es una de las permisas sobre las que trabaja su comité de selección y es lo que destacan los profesionales que acuden a Málaga. "Si hay algo que en lo que es referente la sección de no ficción del Festival de Málaga es en la apuesta por nuevos lenguajes y estilos narrativos", subraya Jorge Peña. "En los últimos años la sección se está poniendo las pilas y se está abriendo al documental creativo, a lo que se está haciendo actualmente en el país", añade Javier Miranda, crítico y director artístico del festival Alcances, de Cádiz. "Mi impresión es que hay un buen equilibrio entre el documental más arriesgado, autoral y experimental con las películas de ámbitos más temáticos y de narrativa convencional", insiste David Varela, coordinador de programación de la Asociación de Cine Documental DOCMA. Películas de esta 19 edición del Festival de Málaga hay narrativas muy diversas: Club de Reyes, Libertad Negra, Socotra: la isla de los genios, Carta a una sombra, Brumaire, La Tempestad Calmada o Sexo, maracas y chihuaha ratifican ese equilibrio.

En general, las 47 películas de la sección dedicada a la realidad (entre cortometrajes y largometrajes a concurso y pases especiales) han mostrado un gran nivel. Películas nacionales como Mothertongue, la necesaria Socotra, la isla de los pianistas o la interesantísima Alcaldessa y otras como la argentina La calle de los pianistas o la ecuatoriana Instantes de campaña así lo demuestran y, quizás, alguno de estos nombres esté hoy en el palmarés. Entre las personas que lo debe decidir está Vanesa Fernández, que ha formado parte del jurado. "El abanico de la selección ha sido muy amplio: hay cine observacional, ensayos fílmicos, películas de narrativas clásicas… Es una selección que da buena cuenta de en qué estado está el documental contemporáneo y cuáles son sus propuestas actuales", explica Fernández, que subraya la relación del género con el espectador: "Estos documentales demuestran que con un modo de producción no tan farragoso como el de la ficción en cuestiones como la producción o la financiación, se consigue llegar al espectador y transmitirle mucho. La mayor parte de las películas que he visto como jurado aquí me han hecho sentir algo. Y eso no es fácil", relata la que es también programadora de Zinebi-Festival Internacional de Cortometrajes y Cine Documental de Bilbao.

Aunque no tenga alfombra roja, no atraiga a fans que duermen en la calle para ver a sus estrellas favoritas ni cuente con la maquinaria publicitaria de las grandes ficciones de este país, lo más importante para el cine documental es, precisamente, la verdad. Una verdad, como la de cualquier otra disciplina artística, que es la que realmente llega al público. Y es la que hace que un buen puñado de espectadores se hayan acercado cada tarde al Teatro Echegaray (o al Cine Albéniz y el Auditorio del Museo Picasso Málaga en algunas excepciones) para ver cine documental. Ha costado unos años crear esa fidelidad de público, pero se ha logrado y cada vez hay más jóvenes en la sala: quizás también sería buen momento de abrir un poco más las puertas y repensar el precio de las entradas de la sección. Una sección que ha demostrado valerse por sí misma y que, como el propio Andrés Luque destaca, "tiene muchas historias que son mejores que las de ficción". Si no las ha descubierto este año, no se preocupe: seguro que la vigésima edición del Festival de Cine Español de Málaga llega cargada de cine documental.

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