Una temporada (turística) en el infierno de las favelas

  • El brasileño Felippe Schultz narra en el documental 'En busca de un lugar común' el interés por la marginalidad.

Quien haya visto Ciudad de Dios, aquella película de Fernando Meirelles con cuatro nominaciones a los Oscars ambientada en la favela del mismo nombre, probablemente se quedara con dos ideas claras. La primera, la peligrosidad de adentrarse en estos barrios periféricos de Río de Janeiro, en un mundo dominado por las fuerzas del narcotráfico. La segunda, en la belleza del espacio, las vistas sobre río, la alegría y fuerza de sus gentes. Y, por qué no, hubo a quien le quedaron de ganas de conocer aquello en persona.

Lo que pueda parecer una barbaridad, se convirtió en realidad. Hoy es fácil encontrarse a ríos de turistas por los callejones de Rocinha, una de las favelas más conocidas de Río. El brasileño Felippe Schultz se preguntó cómo fue eso posible y tras varios años de trabajo lo plasmó en el documental que ayer cerró la Sección Oficial de Documentales de este 16 Festival de Málaga de Cine Español: En busca de un lugar común. Una cinta observacional en la que el espectador acompaña a los grupos de turistas por los rincones de Rocinha atendiendo a los guías para conocer de primera mano espacios que, de otra manera, sería imposible visitar. "Las favelas han construido esa imagen a través de tres cuestiones: son un sitio peligroso, un lugar exótico y permiten la solidaridad, por lo que esos turistas pueden lavar sus conciencias pensando que durante su turismo han ayudado a espacios sociales y gente pobre", explica Schultz, que ha visitado Málaga unos días para presentar la cinta en el festival.

"No se trata de denunciar estas visitas turísticas, sino de hablar en profundidad del tema, ver qué hay allí para que el público saque luego sus propias conclusiones", añadió el realizador brasileño. De hecho, si algo pide la película a sus espectadores es participación, tomar partido, formarse una opinión ante una brutal exposición de la pobreza que da que pensar, pero que a la vez se convierte en un pequeño motor económico para las favelas. Pero también pide al público entrar en el debate sobre las pacificaciones de estos barrios, la dominación policial de cara a eventos como el próximo Mundial de Fútbol y las Olimpiadas. O si es necesario seguir visitando nuevas favelas más allá de Rocinha.

Y, más allá de eso, también es la película una reflexión sobre el turismo, sobre cómo cada turista construye el relato de su viaje en base a las imágenes que va tomando, "en cómo las imágenes son las mismas en todos los sitios del mundo, en cómo los turistas buscan siempre esos lugares comunes que fotografiar", subrayó Schultz, que usa muchas de las imágenes tomadas por los visitantes de la favelas para construir también su relato, En busca de un lugar común.

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