Pasarela

Alejandra Romero

Alejandra Romero Alejandra   Romero

Alejandra Romero

Algo se muere en el alma cuando la Feria se va. Ahora sí que se ha ido la Feria en esta mañana de lunes. Ahora sí que te lo crees estando ya de lleno en el vacío de tantas cosas inútiles que llamamos vivir. ¡Ay vivir! ¿Qué es eso de vivir después de la Feria?

Sevilla tiene la vara de medir la vida, lo mismo que otros tienen la manía de contar la pela. La manía de contar la pela fue la de un catalán y un vasco a los que se les ocurrió organizar, en abril de 1847, una feria agrícola y ganadera. Así que haberse dicho tantas veces que la Feria la inventaron un catalán y un vasco, es decir más de la cuenta que ellos se hicieron con un puro negocio. La Feria, lo que se dice la Feria, no estaba en la suma. Vamos, que saber esto de mediados del siglo XIX no es preguntarse quién hizo a La Macarena en el XVII. Saber la verdad de la primera ocurrencia sobre una feria, no es averiguar quién pintó un bisonte en Altamira. Pero si dos forasteros tuvieron el arte de la invención, Sevilla tuvo la maestría de la evolución. Y la feria, aquella feria de campo y ganado, se les fue de las manos al catalán y al vasco, lo mismo que a Pilato al lavarse las suyas, también se le fue de las manos la Semana Santa.

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Cuentan los descendientes de aquellos del norte, el vasco José María Ybarra y el catalán Narciso Bonaplata, que les molestó bastante ver cómo una empresa para venta de ganado, aguardientes y licores, se desvanecía entre bulerías, guitarras, vinos y mujeres vestidas de volantes. Pero es que a metamorfosis no le gana a Sevilla ni Kafka. Y tiene unas matemáticas tan suyas como que ni los Seises sean seis, ni cien los armaos de la Centuria. En Sevilla diez minutos son tres horas, un ya voy es eterno, un abrazo es sincero mientras dura el "carpe diem", un beso en Triana es verdadero amor de una noche, y una feria de ganado fue la gran oportunidad para que el corazón diera uno de esos vuelcos suyos donde acaba latiendo la emoción.

Dicen -dicen- que el cabreo fue más grande que el de la Monumental de Toros en San Bernardo. Y es que en Sevilla lo de la pela está muy bien, pero mejor está lo de vivir, lo de no perder jamás de vista que son dos días y como dijo un poeta "hemos gastado cinco". Sevilla rompió los moldes de una feria para crear la Feria. En busca de ganado, vinos y aguardientes, hasta el Prado nunca hubieran llegado Jackeline Kennedy, Grace Kelly, Ava Gardner o Rita Hayworth. Sevilla es plus ultra, el hermoso horizonte de tantos orígenes, el bellísimo sueño de tantas crudas realidades. Y aquel ganado de los principios de una feria se pierde ya en la noche de los tiempos. En esta Feria de esta Sevilla que lo trastoca todo, hasta los caballos se aman, ¡mire usted qué maravilla!!!

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