Pechos de celulosa

  • La revista 'Interviú' dice adiós en los quioscos con un museo de portadas para la memoria colectiva

La revista más audaz para el lector más inteligente. Ah, no, ese era el lema de La Codorniz, la publicación de humor de Álvaro de Laiglesia que masajeaba la autoestima del exilio interior durante el franquismo. Pero Interviú podría haber tomado la misma consigna cuando se asomó al quiosco. La revista más audaz en tetas y fotos morbosas junto a artículos políticos y reportajes de investigación, para el lector más inquieto: el que también compraba el Diario para ocultar que se llevaba por siete duros la portada epidérmica de Interviú.

Pechos de celulosa Pechos de celulosa

Pechos de celulosa

En línea con Playboy, Penthouse o Lui el grupo Zeta aprovechó la apertura tras la muerte de Franco para estimular a los españoles por arriba y por abajo. Un proyecto modesto del editor Antonio Asensio que se les fue de las manos cuando compraron unas fotos robadas de Marisol, la actriz disidente de sí misma que había posado desnuda para un proyecto que no tenía nada que ver con inundar las librerías donde aún se oreaba de manera abundante la prensa del Movimiento. Interviú se iba de las manos casi todas las semanas. Con alguna incomodidad política, con la foto del algún infeliz destripado y, sobre todo, con la estrella que había podido ser embaucada para protagonizar el reportaje central. Victoria Vera, Bibí Andersen (siglos antes de Bibiana Fernández), Bárbara Rey, la Cantudo, Sara Montiel. Pechos que amamantaban el aperturismo.

Por dentro también había algún varón, el futbolista Migueli o Paco de Lucía, que mostraban su lado sexy, lo que harían mucho tiempo después Sergio Ramos o Jesús Vázquez. Cuando no había programas para vender exclusivas el negocio más fácil era llamar a Interviú. Lola Flores en 1983 cobró 6 millones de pesetas a cambio de su busto de 60 años y así pagó la boda de Lolita. Encarna Sánchez negoció, ya en los 90, un 'descuido' piscinero de Isabel Pantoja. En tiempos más recientes desde Chenoa a Terelu, desde Anne Igartiburu a Belén Esteban recibieron la transferencia de una revista que fue compitiendo en desventaja con la inmediatez internauta y con los desnudos consentidos de instagram. Media población femenina de Gran Hermano y de mejunjes así pasó por esas páginas. Y personajes tipo Olvido Hormigos. Durante cuatro decenios de celulosa y tinta. Tetas olvidadas y mucho pubis por depilar.

Pechos de celulosa Pechos de celulosa

Pechos de celulosa

Durante treinta años una foto en color de Interviú, de esas que empapelaban los talleres, no tenía competencia. Hubo algún negocio fatal, como el de la actriz Sonia Martínez, despedida del infantil Dabadabadá por su posado. A partir de ahí entró en una espiral de autodestrucción. Hubo robados como el de Jackie Onassis o el de Bertín Osborne. Hubo falsos robados, como el del conde Lecquio o el mencionado de la Pantoja. Y robados a partir de un posado como el de Elsa Pataky, la última conmoción de portada, en 2007.

Lo suyo era el 'posado-posado'. Marta Sánchez y su desnudo integral en 1991 puede calificarse como el más mediático para impedir que salieran otras fotos menos afortunadas. Cobró 15 millones de pesetas. 35 millones en indemnización recibió la ahora desconocida Marta Chávarri, novia del banquero Alberto Cortina en 1989, cuando aparecieron las fotos de su descuido por ir a una discoteca sin bragas. Esas fotos calentaron los quioscos de una manera inaudita. Aquello sí que hacía arder las redes sociales de la barriada.

Interviú ya no volverá a cogerse con pinzas. Los quioscos pierden esa portada que tanto se aguardaba para ponerla en primera fila. Durante 41 años alegró la vida de muchos españoles y amargó la vida a bastantes sinvergüenzas.

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