José Mercé

"Con mi filosofía de vida, es difícil enfadarme"

  • El cantaor vuelve al mercado con 'Mi única llave', nueva apuesta musical de la que está muy orgulloso. El artista, a sus 57 años, admite llevarse bien con el paso del tiempo y ve su jubilación muy lejana.

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Todo el mundo que lo conoce coincide en señalarlo como una gran persona, uno de esos seres humanos excepcionales que, dotado de un talento fuera de serie, ha hecho de la generosidad y su sonrisa dos de sus mayores señas de identidad.

Considerado uno de los cantaores más importantes de la historia del flamenco, José Mercé, a sus 57 años continúa sintiendo la misma ilusión que cuando, con solo 13 años, se marchó a Madrid con intención de "hacer carrera" como artista. Un sueño de infancia que consiguió con creces convirtiéndose en un referente que, no obstante, jamás ha tenido miedo a evolucionar. Así, con colaboraciones como las de Pepe el Habichuela, Diego del Morao o Tomatito -y un tema de Alejandro Sanz-, el jerezano reaparece lleno de fuerza para volver a reivindicar un lugar único que ocupa por méritos propios.

-Nunca ha descuidado, en su extensa trayectoria, la faceta personal, ¿verdad?

-No es cuestión de cuidar. Se nace así. Cuando tienes una forma de ser y tu madre te pare de esta manera, así hay que morir.

-Pero a algunos se les sube a la cabeza…

-Es que les dan unas como unas volaeras y el cerebro no les funciona (risas). No hay que ser quien no eres.

-¿Usted se enfada alguna vez?

-No. Hay un chiste que dice "si me pisas contra el suelo, déjame muerto". Con mi filosofía de vida es difícil enfadarme. Es raro que me moleste con nadie.

-¿Ni siquiera con esto que ha declarado hace poco de que "el flamenco es de segunda división"?

-Lo pienso. En nuestro país, después de lo que llevamos pasado, se le hace muy poco a la cultura flamenca y la humanidad es el flamenco. Nació antes de los premios y hasta del carnet de artistas. Vengo de América y allí ponen sus músicas típicas en todas las emisoras y aquí parece que solo unas poquitas, y tímidamente, apuestan por lo nuestro. Es lo que podemos exportar.

-Ha hecho casi todo pero, ¿alguna espinita?

-Me faltan muchas cosas pero, por citarte algo, después de la gira actual, me enfrentaré a una antología, propiedad mía, que, calculo en año o año y medio, estará terminada.

-¿Qué tal se lleva con el paso del tiempo?

-Bueno, yo tengo 33, la edad de Cristo (risas). Es broma. Son 57 y, si me preguntas el secreto para estar bien, es disfrutar cada vez que subo al escenario y disfrutar también de la gente que me espera en los teatros para verme. Eso da muchos ánimos y hace que te sientas joven.

-¿Le gustaría eso de 'morirse con las botas puestas'?

-Hasta ahí no llego (risas). Quisiera seguir actuando hasta que crea que debo estar. Cuando me vea que no doy lo que debo, me quedaré en mi casa.

-¿Cuál es la llave, aludiendo a su álbum, que abre la puerta de la política?

-En estos momentos le daría cero a la política.

-¿Y del amor?

-Sin amor no se puede vivir. En esta sociedad, donde está prohibido hablar de la cosa, hay que darle un diez. He sido muy afortunado en esto. Llevo con la misma mujer 38 años. Creo que quieren hacer un monumento (risas).

-Lo que sí se lleva regular con internet… ¿Twitter?

-Lo tengo pero me lo llevan mis hijas. Contesto a todo el mundo, porque soy muy educado, pero no chanelo con esto de los botones (risas).

-Mirar atrás, a aquel pequeño que dejó su tierra por triunfar, ¿qué le provoca?

-Quizás tengo más responsabilidad pero ilusión la misma… o más. Me da ternura y hasta lástima. ¡Tan chiquito buscándome las habichuelas!

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