De los Juegos del Estrecho a los Olímpicos

  • Gavira lleva desde 2009 con Pablo Herrera, con el que se mantiene en la cumbre del vóley playa

Adrián Gavira no sabe contar cuántos kilómetros lleva ya en su 1,93 de altura, sin embargo, siempre tiene espacio para el punto de origen. Acaba de terminar un nuevo torneo en Polonia y entre el último y el siguiente busca un hueco para visitar a su familia y su gente en Taraguilla. Ahí arrancó la historia de este olímpico hecho desde abajo, que empezó con unos Juegos del Estrecho y que ya va por sus segundos Juegos Olímpicos.

Como cualquier hijo de vecino de un país dominado por el fútbol, Adrián comenzó dándole a la pelota con los pies. Cuando alguien la daba con la mano, siempre que no fuese el portero, era falta. Recuerda que Lucas Extremera era el entrenador de su equipo, con el que fue a sus primeros Juegos, aunque estos fuesen del Estrecho. Entonces, nadie iba a pensar que uno de los cientos de niños participantes iba a portar una bandera de España en Londres, en Río de Janeiro, en unos Juegos Olímpicos.

Fue el propio Extremera el que le empujó hacia el vóley y Torreguadiaro la playa en la que comenzó en el deporte del que ahora es rey nacional. "Me gustó y me enganché", recuerda Adrián Gavira, que considera que la comarca es un buen lugar para acoger un gran torneo de esta modalidad aunque reconoce que es caro y que el circuito no lo pone fácil. Del club de voleibol de Marbella, con idas y venidas con dos compañeros de Algeciras, al circuito andaluz de vóley playa. Su línea ascendente lo llevó a Barcelona y, finalmente, a Tenerife.

Con 17 años, y con las habituales dudas de emprender una aventura o quedarse en la zona de confort de casa, Adrián Gavira veía en la tele a Pablo Herrera compitiendo en los Juegos Olímpicos de Atenas. Era 2004. "Yo tenía mi vida hecha aquí, mis amigos y mi familia y la verdad es que me costó tomar la decisión de irme, mi padre me dijo que lo hiciera", explica el jugador de vóley playa, que es primo de Andrés Villena, otro gran jugador sanroqueño, en su caso del voleibol de pista.

Sixto Jiménez, exjugador de vóley y olímpico en Atlanta, fue otro de los que vio en Adrián Gavira un diamante en bruto y llevó al sanroqueño a Tenerife. En 2009 cambió todo para el de Taraguilla. Tras formar pareja con Fran Marcos, Inocencio Lario y Raúl Mesa llegó el gran salto y se hizo compañero de Pablo Herrera, una leyenda del vóley playa español. Juntos han conseguido tres medallas de oro, tres de plata y ocho de bronce, todas en torneos internacionales.

Este verano, en Río de Janeiro, el taraguillero que jugueteó en unos Juegos del Estrecho, disputa los segundos Juegos Olímpicos.

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