¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

El jarrón socialista

A nadie le cabe ya la menor duda de que el PSOE está roto y que será muy difícil recomponerlo a partir del lunes

Como nos contó recientemente el historiador Carlos Martínez Shaw, la historia del sitio de Barcelona durante la Guerra de Sucesión, uno de los acontecimientos más mitificados y manoseados por el nacionalismo catalán, acabó con un pacto entre caballeros en el que el duque de Berwick, al mando de las tropas borbónicas, le prometió a Antonio de Villarroel, negociador del bando austracista, respetar a "las personas, las propiedades y las honras (es decir, las mujeres)". Por supuesto, como era de esperar, esa palabra se cumplió a rajatabla. Salvando los años y recuperando ese espíritu Ancien Régime, Pedro Sánchez ha mandado un mensaje a los barones socialistas que colaboraron en el putsch constitucionalista que derribó sus sueños de grandeza: "Tranquilos, tras mi victoria en las primarias, no habrá represalias" (no habló de las honras, porque esas cosas ya no se llevan). Sánchez sabe que la magnanimidad, además de ser el principal atributo de los grandes vencedores, es el mejor lenitivo para las resistencias feroces. Es llamativo cómo el lenguaje de las primarias socialistas se ha cargado hasta niveles insoportables de emotividad y agresividad. Lo que se supone que debería ser una sana disputa entre camaradas, algo así como un juego rococó de salón -competitividad, habilidad y picardía a partes iguales-, ha degenerado en una riña tabernaria que confirma el viejo tópico según el cual los peores enemigos políticos son los propios compañeros de partido. A nadie le cabe ya la menor duda de que el PSOE está roto y que será muy difícil recomponerlo a partir del domingo. Como bien nos enseña la entropía, esa inevitable tendencia del universo al desorden, es fácil que un jarrón Ming se caiga al suelo y se haga añicos, pero prácticamente imposible que estos pedazos se organicen espontáneamente para volver a formar la difunta pieza. Si el jarrón del PSOE cae al suelo -algo que es posible que ocurra- nunca más volverá a su ser. Sólo hay dos cuestiones que pueden parar la debacle del socialismo español. La primera es que funcione el viejo resorte psicológico que une estrechamente a los militantes de la izquierda de origen marxista a sus partidos. Fuera de la organización no hay paraíso, sólo páramos y sufrimiento. La segunda es la mera y triste necesidad. Si se hunde el PSOE, ¿de qué vamos a comer? Por eso, Pedro Sánchez promete piedad para los barones díscolos. Pero nada ha dicho de la baronesa.

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