El vídeo resucitó a la estrella de la radio

  • Se cumplen 35 años de la publicación de 'Thriller', el álbum más vendido de la historia

  • Su clip emblemático cambió el modo de trabajar de la industria de la música

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El vídeo resucitó a la estrella de la radio

Empecemos como Sophia Petrillo, que así es como me siento: Fin de Año, Cádiz, 1983. Una niña en bata rosa mira de reojo la televisión mientras pela uvas. Los mayores esperan con atención que se emita una "canción" que ha tenido mucho éxito en Estados Unidos. Todo indica sopor. De repente, empieza algo interesante: un chico y una chica, guapos, moñas, pasean. Él se le declara. Oh, bonito. Romáaantico... vaya, él va a confesar un secreto. Hay algo que no funciona. En los próximos minutos, a la niña se le salen los ojos de las órbitas, se le para el corazón y le explota el cerebro. Un cuarto de hora después, en efecto, la niña se ha convertido en estatua de sal.

Más o menos, ese fue el efecto que la emisión del vídeo de Thriller tuvo entre mis jóvenes compañeros de generación: quien lo vivió, lo sabe. ¿Que cómo ocurrían esas cosas antes?Bueno, es sabido que mucho, mucho antes de la generación de los copos de nieve, se nos criaba en la brutalidad. Los niños veíamos Historias para no dormir y cine negro con la abuela. Los azules de Hill Street, a la hora de cenar.

El vídeo clip emblemático, el que se puede decir que dio lugar al género que identificaría a la industria musical de los 80 y 90, vino a ser el broche de oro, los fuegos artificiales, la Marcha Radetzky de un extraordinario ejercicio de creatividad, determinación y -último pero no por último- visión de negocio. De la grabación de Thriller (canción y álbum) se cumplen ahora 35 años. El Guinness de los Récords lo avala como el álbum más vendido de la historia. Lo vendió todo y más allá cuando los discos hacían caja de verdad. Los cortes unían los esfuerzos de Quincy Jones como productor y de Michael Jackson, en su habitual papel de compositor, coordinador, coreógrafo, voz y peluquería, por decir. Ya asumen el perfil: hay un hombre en España que lo hace todo.

Los tres títulos que todo el mundo conoce, los que conforman la que podríamos llamar discografía esencial de Michael Jackson, surgieron de su colaboración con Quincy: Off the Wall, Thriller y Bad. Ocurrió que el muy buen disco que es Off the Wall no tuvo la repercusión que su autor pretendía -en una línea de expectativas que se adivinan jupiterinas y que no están lejos del temor del antiguo niño prodigio de convertirse en una estrella enana blanca, enana negra, y desaparecer-. Si en Off the Wall nos habíamos esforzado, aquí nos esforzaríamos más. Ataque a todos los frentes. Si uno combustiona, es para brillar. El monstruo justo antes del monstruo.

Impacto.

Si a mi generación y aledaños, el vídeo zombie con sorpresa final nos había dejado en embolia, los algo más mayores habían alucinado, sólo un poco antes, con la transformación en licántropo de Un hombre lobo americano en Londres. A Jacko también le impresionó: tanto y tan bien, que terminó incorporando a John Landis como director a su proyecto de vídeo clip. Era algo nunca visto y que, a nivel de producción, suponía bastante que arriesgar: un vídeo musical que era más bien un corto, que contaba una historia; que implicaba una importante hemorragia de dinero en efectos especiales -¿efectos especiales? ¿una cancioncilla?- y que daba una importancia tremenda a la coreografía -¿unos zombies, bailando? ¿en serio?-. Quincy Jones vio claras dos cosas: primero, comprendió que la pulsión primera de Michael Jackson -al que había conocido de niño- era el baile; segundo, entendió que su apadrinado no se había vuelto loco -bueno, o sí-, y que tenía visión de negocio. Y es cierto que Michael Jackson, -bajo todo el oropel y la excentricidad, incluso bajo la calidad de lo que creaba-, entendía muy bien cómo funcionaba una industria que conocía desde que debía haber estado en el parvulario. Tan rápido entendió que el cogollo del negocio estaba en los derechos de autor, que corrió a comprar los de los Beatles en cuanto Paul McCartney le sugirió donde estaba la veta -poniendo fin así a su amistad-. Y entendió que el vídeo musical era el género viral, a explotar, a través de una recién inaugurada MTV. Y tenía razón: dio con la fórmula. Todos lo recordamos: ¿cuántos años tenías, qué hacías cuando, cuándo lo viste por primera vez...? La industria misma cambió, asumiendo a cifras vista el peso que podía tener algo, en principio tan ajeno, como un vídeo clip.

Publicado el 30 de noviembre de 1982, Thriller, como álbum, se llevó 8 Grammys en la siguiente edición de los premios y, a día de hoy, 110 millones de copias lo respaldan. No es pop, pero lo es; no es R&B, pero lo es; no es rock (juas), pero tiene un solo de Van Halen; tiene a Billie Jean; tiene a Vincent Price hablando y un dúo con Paul McCartney. Y no tiene época. Ni etiqueta. Todo lo que podía salir mal, hizo equilibrios para salir bien. De qué planeta viniste.

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