La voz de la campiña

  • El cantaor de La Puebla de Cazalla Rubito hijo publica su tercer disco, el más austero y tradicional de los suyos, fiel reflejo de sus actuaciones en directo.

Manué. Rubito hijo. Guitarra: Paco Cortés, Antonio Carrión, Antonio Cáceres, Jesús Zarrías. Producido por Rubito hijo. Edición del intérprete.

Este intérprete pertenece a esa tradición cantaora bronca, árida y esencialista propia de la campiña sevillana, de Dos Hermanas a La Puebla, pasando por Alcalá, de Talega a Menese, pasando por Mairena, en la antípoda del preciosismo. Con una voz personal, apretada, cruda y apabullante. Cante bronco, directo, en el que lo emocional domina a la técnica, sea esta rítmica o melódica. Cante de tierra adentro con acento rural, casi mineral. Éste es el tercer disco en solitario de Rubito hijo, que abre con unos tangos canasteros con la brillante guitarra de Jesús Zarrías y un soniquete inefable de El Vampi y Jesús Reina. La fiesta sigue por Cádiz en unas alegrías clásicas y cantiñas con Antonio Cáceres.

Un disco clásico, en fin, que se parece mucho a lo que hace este cantaor en directo, cosa muy de agradecer en tiempos de travestismos discográficos donde la mentira se inicia en la retocada portada y donde el interior está también manipulado. No es así en el caso de Rubito, que se ofrece tal cual es. No podría ser de otra manera porque así es la estética que practica este cantaor desde sus inicios, por la tradición cantaora, y familiar, en la que milita. Si Rubito hijo se pusiera a hacer flamenquito a estas alturas, nadie se lo iba a creer. Pero cosas más raras han ocurrido, por ese temor reverencial que los mercados producen, no sólo ahora que estamos desquiciados, sino desde hace décadas. Agradezco enormemente la ausencia del bajo eléctrico de la "música ligera" en este disco, así como lo limitado de los estribillos corales. Como Rubito suele incluir en sus recitales canciones por bulerías, es aquí un clásico del pop de autor el tema elegido, Mediterráneo, que ya aflamencara la Niña Pastori hace unos años, también por bulerías lentas. Líricas y pulcras las falsetas a cargo de Zarrías. Incluye sus coros masculinos y todo. El gran Antonio Carrión, gigante de la guitarra tradicional contemporánea (sí, esa que en su día fue vanguardia, la que entronca con Melchor de Marchena) irrumpe en esta obra a ritmo de peteneras. Este cante sentencioso se ve aquí actualizado con unas coplas de Rodríguez Ojeda. Por seguiriyas encuentran Carrión y Rubito hijo su lugar natural en esta obra, en una larga serie de más de ocho minutos, que se abre con una brillante falseta de Melchor de Marchena, actualizada por Carrión, el corte más extenso del disco. Rubito se encuentra cómodo en la tragedia íntima de este cante conocido en otro tiempo como playera y plañidera. Solemnidad y entrega en el rito de la pena, del dolor. Porque en eso consiste este cante, en estilizar una emoción tan básica como la que provoca la rabia de la pérdida, en este caso la pérdida de algo fundamental, hasta llegar al grito trágico. La facilidad de Carrión para llevar como en volandas las melodías tradicionales de la voz es más que notable.

Los fandangos son otro de los estilos en los que Rubito hijo se encuentra como pez en el agua. De hecho, es uno de los cantes estrellas de los festivales de verano y las peñas, escenarios favoritos de las actuaciones de nuestro cantaor. Es uno de los lugares más interesantes de este disco, por la dulzura y la entrega en la interpretación estilizada del sentimiento de paternidad.

El disco presenta un notable equilibrio entre las guitarras jóvenes de Zarrías y Cáceres y las maduras de Carrión y Paco Cortés que ofrece un par de toques para el cante por polos y tarantas. El polo se abre y se cierra por soleá, la primera en el registro más grave de la garganta del tocaor, para internarse más tarde en los secretos del polo llamado de Tobalo, un cante muy vinculado a Ronda y que el maestro y amigo José Manuel Gamboa relaciona, en su primer tercio, con otro cante primitivo de este arte y vinculado a la misma ciudad malagueña que el polo, como es la rondeña. La obra se cierra con unos campanilleros, cante muy propio de estas fechas, donde el cantaor se entrega gustoso a la melodía. Un disco pues tradicional, donde Rubito apuesta además por renovar el repertorio lírico de la tradición con las plumas de Emilio Pozo, Paco Delgado y el mencionado Rodríguez Ojeda. Todas las coplas incluidas en esta obra son nuevas, cosa muy de agradecer.

Rubito hijo (La Puebla de Cazalla, 1980) ha publicado con éste tres discos y es un habitual de los festivales de verano. Lámpara Minera en La Unión, 2007.

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