Altercados en las calles de Caracas por la escasez de alimentos

  • La OEA aprueba finalmente una declaración conciliadora que frena la Carta Democrática

La angustia por las varias horas de espera en filas interminables y el temor de no encontrar alimentos se han convertido en el mejor combustible para las protestas que se viven a diario en las calles de Caracas, donde chocan constantemente chavistas y ciudadanos que se dicen "cansados" de la crisis. Una de las esquinas de la Avenida Fuerzas Armadas, en el centro de la capital venezolana, fue escenario ayer de conflictos entre personas que aguardaban la llegada de camiones con víveres y no encontraban explicación al cierre de los numerosos locales del sector.

"Comida", "Tenemos hambre", "Maduro cobarde, el pueblo tiene hambre" y "revocatorio", gritaban los exaltados lugareños custodiados por la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y la Policía Nacional Bolivariana (PNB), que buscaban evitar choques entre los manifestantes e integrantes de los colectivos afectos al Gobierno y cercaron el centro de Caracas. La queja era la misma: escasez y altos precios que los obligaban a permanecer varias horas a las afueras de los comercios que ofrecen productos de primera necesidad subsidiados por el Gobierno.

También rechazaban la aplicación de un plan gubernamental que instruye la posibilidad de recibir en sus casas, previa inscripción ante grupos chavistas conocidos como los CLAP, paquetes con productos subsidiados y cuya distribución está prevista cada 21 días. "El pueblo se está muriendo de hambre, literalmente nos estamos muriendo de hambre, de mengua, los sueldos no nos alcanzan, no hay medicina", dijo a Efe Margarita Sánchez.

En Venezuela, la distribución de alimentos subsidiados se realiza a cuentagotas a través de las cadenas de establecimientos públicos y privados, que en la mayoría de ocasiones ven superada la capacidad de sus instalaciones por la cantidad de compradores.

Ante esa situación se han establecido controles para regular los días de venta por persona según el número final de su cédula de identidad, pero esto no garantiza que quienes permanecen horas en las filas puedan adquirir algún producto de la canasta básica.

El ex presidente del Gobierno español Felipe González advirtió ayer desde Madrid que la situación que vive Venezuela puede derivar en "un caracazo". "Los límites de desabastecimiento son graves. Puede haber una implosión, un caracazo", dijo durante un foro. También el ministro de Exteriores español, José Manuel García-Margallo, advirtió de la posibilidad de que se produzca un conflicto social violento y del "caos" en el país.

Mientras, los 34 países de la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobaron por consenso una declaración conciliadora sobre Venezuela en una sesión de la que se ausentó el secretario general, Luis Almagro, para dejar claro que esta iniciativa es distinta de la Carta Democrática que activó el martes. Durante 10 horas, Venezuela batalló para introducir cambios de poco calado en una declaración ya descafeinada.

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