Borrón y cuenta nueva

LA victoria de Obama en las elecciones presidenciales de Estados Unidos abre un tiempo nuevo para España, que ha sufrido en los últimos cinco años el látigo de la indiferencia de la primera potencia mundial por la torpeza de Zapatero y la soberbia de Bush.

El deterioro más importante de relaciones entre EEUU y España, dos países aliados en la OTAN, se produjo a raíz que Zapatero ganara las elecciones en 2004 y decidiera retirar las tropas españolas de Iraq. En un acto de soberbia propio de un dirigente que sacrificó la diplomacia en beneficio de la violencia de una forma gratuita, Bush le puso la proa a Zapatero, quien sólo hizo uso legítimo de la soberanía nacional en cumplimiento de una promesa electoral.

Sin embargo, el actual presidente del Gobierno cometió antes, el 12 de octubre de 2003, un error tan gratuito como imperdonable cuando, en el desfile del Día Nacional, luciendo aún los galanes de líder de la oposición, no se levantó al paso de la bandera estadounidense en protesta por la guerra ilegal que Bush había iniciado en contra Sadam Husein a propósito de unas armas de destrucción masiva inexistente.

Afortunadamente para Zapatero, la imagen de Bush ha quedado tan maltrecha por la guerra de Iraq y por la crisis financiera mundial que pocos le pueden reprochar que se haya llevado tan mal con quizás el peor presidente de la historia de los Estados Unidos. Y esto no incluye el estúpido gesto radical de agravio que tuvo hacia la enseña estadounidense.

En cualquier caso, la victoria de Obama supone para Zapatero y para España un nuevo tiempo. Y así lo debió entender el presidente del Gobierno español, que ayer, en su comparecencia monclovita, disparó todos los confetis verbales que pudo sobre Obama y sobre Estados Unidos, y su ministra Chacón está ya dispuesta a mandar más tropas a Afganistán para pagar con soldados contantes y sonantes una "alianza de principios y valores" que suena a borrón y cuenta nueva.

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