Clinton y Obama pasan del insulto al abrazo en vísperas del 'supermartes'

  • Los dos candidatos demócratas mantienen un debate de altura y firman la paz a cinco días de la gran cita ante las urnas · La polémica sobre la retirada de las tropas de Iraq suscitó las mayores diferencias

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El debate entre Hillary Clinton y Barack Obama se había convertido en la cita del año y los medios lo promocionaron como si fuera la final de la Copa del Mundo. El contenido, repleto de asuntos interesantes para los votantes, estuvo a la altura, pero no la belicosidad de los contendientes que, al contrario que en recientes encuentros, no se dedicaron descalificaciones personales y acabaron fundidos en un abrazo.

La cita había levantado una expectación inusitada. Hasta el miércoles era un debate muy importante, el último antes de que el supermartes 5 de febrero más de una veintena de estados celebren sus primarias y caucus, en lo más cercano a unas primarias nacionales que jamás hubo.

Pero la retirada de John Edwards el miércoles dejó la cita en un cara a cara entre Obama y Clinton, los candidatos que más atención despertaron el último año.

Durante casi dos horas y aprovechando que ya no había siete u ocho rivales con los que repartirse el tiempo, ambos candidatos explicaron ampliamente sus programas en sanidad, política exterior, inmigración, la gestión económica y hasta el sexo y la violencia en televisión. Hubo diferencias, pero siempre civilizadas.

Pero fue la última pregunta, que ninguno de los dos respondió con claridad, la que dejó a los espectadores con ganas de más: ¿Conciben una candidatura Clinton-Obama u Obama-Clinton para las elecciones de noviembre? "Hillary estaría en la lista final de cualquiera", dijo el senador por Illinois. "No hay duda de que tendremos un Partido Demócrata unificado", agregó la senadora por Nueva York.

El debate comenzó de manera especialmente conciliadora tras los amargos roces de las últimas semanas. "Yo era amigo de Hillary Clinton antes de empezar esta campaña, y seré amigo de Hillary Clinton cuando termine", afirmó Obama. "(Dentro de un año) O Barack o yo alzaremos la mano y juraremos guardar la Constitución de Estados Unidos", agregó Clinton.

Ninguno de los dos se olvidó tampoco de cortejar a Edwards y sus votos, que en Iowa, New Hampshire y Carolina del Sur estuvieron entre el 14 y el 18 por ciento del total. Ambos alabaron al ex senador de Carolina del Norte y mencionaron a su popular esposa, Elizabeth, que padece un cáncer incurable.

Cuando el verdadero debate comenzó, ambos contendientes se mostraron calmados y cuidadosos de no atacarse muy evidentemente. Numerosos analistas habían levantado las alarmas de que una lucha fratricida entre demócratas podría favorecer a los republicanos en las elecciones de noviembre.

Sentados apenas a unos centímetros el uno del otro, ambos arrancaron la primera media hora hablando de seguro médico. Hubo diferencias, pero ambos las manifestaron de una manera muy sutil. Y cuando la situación podía ponerse tensa, prefirieron atacar al presidente, George W. Bush.

Precisamente en referencia al actual presidente se llevó la mayor ovación de la noche Clinton, cuando volteó el argumento de los que critican la continuación del orden Bush-Clinton-Bush-Clinton. "Hizo falta un Clinton para limpiar detrás del primer Bush y creo que puede hacer falta otro Clinton para limpiar detrás del segundo Bush".

La ex primera dama se ganó, sin embargo, un abucheo general cuando fue incapaz de reconocer que cometió un "error" a la hora de votar a favor de la guerra de Iraq. Fue ahí donde Obama se apuntó los mayores tantos: "Seremos tan cuidadosos saliendo de Iraq como descuidados fuimos a la hora de entrar". El candidato afroamericano reiteró su promesa de retirar las tropas de combate en 16 meses y garantizar que "no sólo el fin de la guerra, sino el punto final de la mentalidad que nos llevó a la guerra". El principal desacuerdo se centró especialmente en quién de los dos puede ser más adecuado para liderar la salida de las tropas de Iraq.

El debate había levantado una expectación única, haciendo inevitable la comparación con la entrega de los Oscar. Y no sólo porque el evento se celebraba en el famoso Kodak Theater, en Hollywood Boulevard, o porque varias horas antes del evento ya había decenas de personas concentradas a las puertas del auditorio.

"Este debate es tan apasionante que estamos recibiendo más peticiones de entradas que para los Oscar", aseguró Bob Mulholland, asesor del Partido Demócrata.

La transmisión por televisión se asemejó más a la entrega de las famosas estatuillas que a un programa político. No faltaron siquiera Stevie Wonder o Pierce Brosnan aplaudiendo como si Steven Spielberg (también presente) hubiera recibido el premio al mejor director.

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