El Ejército de Zimbabue se rebela contra la eternización de los Mugabe en el poder

  • Los militares confinan al presidente en su residencia, bloquean los accesos a los edificios oficiales y tres ministros están detenidos

  • La primera dama quería ser la nueva vicepresidenta

Las Fuerzas Armadas de Zimbabue se rebelaron ayer contra el Gobierno de Robert Mugabe y tomaron el control del país, tras confinar al presidente en su casa y arrestar a varios ministros, todos ellos identificados con la facción del oficialismo alineada con la primera dama, Grace Mugabe.

Aunque los portavoces militares insistieron, en un mensaje televisado la pasada madrugada, en que no se trata de un golpe militar para tumbar al Ejecutivo, sino de una operación contra "criminales" del entorno del mandatario, el presidente de la vecina Sudáfrica, Jacob Zuma, confirmó que Mugabe se encuentra retenido en su residencia pero "está bien".

La expulsión del vicepresidente y gran aspirante a la sucesión desencadenó la crisis

"Esto no es una toma militar del Gobierno. Lo que estas fuerzas quieren es pacificar una situación degenerada política y socialmente en nuestro país que, si no es tomada en cuenta, podría resultar en un conflicto violento", afirmó un portavoz castrense en esa intervención, único pronunciamiento oficial realizado hasta ahora por las fuerzas sublevadas.

"Tan pronto hayamos cumplido nuestra misión esperamos que la situación retorne a la normalidad", agregaron, y llamaron a todas las fuerzas de seguridad a "cooperar" por el bien del país.

Los militares bloquearon los accesos a edificios oficiales y confinaron a Mugabe en su residencia.

Pese a la incertidumbre política, las calles permanecieron en relativa calma, según medios locales, que durante la madrugada de ayer informaron sobre explosiones aisladas en la capital, Harare, de procedencia desconocida.

Durante la jornada, como confirmaron medios locales, se arrestó a tres ministros: el de Educación, Jonathan Moyo; el titular de Local, Obras Públicas y Vivienda, Saviour Kasukuwere, y el de Finanzas, Ignatius Chombo. Todos son afines a las aspiraciones políticas de la primera dama, quien sonaba como candidata a vicepresidenta después de que su marido destituyese del cargo la semana pasada a Emmerson Mnangagwa.

El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, y su esposa Grace, el pasado agosto. El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, y su esposa Grace, el pasado agosto.

El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, y su esposa Grace, el pasado agosto. / aaron ufumeli / efe

Precisamente, la expulsión del vicepresidente -un incondicional del partido gobernante y veterano de guerra que estaba en las quinielas para suceder a Mugabe (de 93 años y en el poder desde 1980)- se interpreta como el detonante principal de la crisis.

La escalada de la tensión comenzó el martes, cuando varios tanques fueron vistos en dirección a Harare. Un día antes, el jefe de las Fuerzas Armadas del país, Constantine Chiwenga, había advertido en una comparecencia pública de que se tomarían "medidas correctivas" si continuaba lo que consideraba una purga de los miembros veteranos en el partido que lidera Mugabe, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF).

Mnangagwa, por su parte, huyó a Sudáfrica la semana pasada y, en un comunicado, afirmó: "Pronto controlaremos los resortes del poder en nuestro bello partido y país".

Las palabras del jefe de las Fuerzas Armadas fueron consideradas en el país como un ataque directo a la facción del ZANU-PF alineada con Grace Mugabe, quien desempeñó un rol determinante en la salida de Mnangagwa, tras meses de ataques verbales.

Mientras, la comunidad internacional sigue con atención los acontecimientos y pide una solución pacífica a la crisis.

Tanto la Unión Africana como la UE, gobiernos nacionales a título particular y organizaciones internacionales, como Amnistía Internacional, manifestaron su preocupación por el respeto a los principios constitucionales y a los derechos humanos en el país.

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