una reforma decisiva El Estado aporta unos 7.400 dólares por habitante

Gastos que enferman al usuario

  • Cuidar la salud sale muy caro en Estados Unidos, país que se encuentra en el puesto 37 de las naciones del mundo en lo que se refiere a calidad de la atención sanitaria

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"Cada vez que veo lo que pago por mi salud y la de mi familia, me enferma", exclama Fiona Grant, al hablar sobre un sistema de salud estadounidense "en crisis", que excluye a decenas de millones de personas.

La reforma del presidente Barack Obama, que la Corte Suprema validó el pasado jueves con algunas limitaciones, no crea sin embargo un seguro de salud público como en Europa y el sistema, aunque ampliado, seguirá dependiendo básicamente del sector privado.

Pero Fiona, madre de familia de 46 años, se considera parte de las personas que tienen "la suerte" de contar con un buen seguro de salud.

Esto significa que cuando esta habitante de los suburbios de Washington va al médico "sólo" paga 10 dólares y "sólo" 100 cuando tiene que atenderse en emergencias. Si tuviera que ser internada por una simple operación quirúrgica, le costaría unos 400 dólares, alrededor de un 20% del costo total.

"¡Me asusta pensar en lo que significaría para mis finanzas si realmente estuviera enferma!", agrega Fiona, que estima gastar unos 6.500 dólares cada año en la salud de su familia, con dos hijos que afortunadamente para ella suelen gozar por ahora de excelente salud.

Y es que en Estados Unidos, curarse cuesta caro. Una simple visita con un profesional de medicina general se factura 150 dólares, con un dermatólogo por una verruga unos 200 dólares, y una mamografía cuesta unos 1.400 dólares.

En una farmacia cerca de Washington, una señora que llegó hace poco tiempo de China no oculta su sorpresa al comprar por primera vez gotas para el oído. "La farmacéutica me dijo: uno treinta y siete. Así que saqué un dólar y treinta y siete centavos. Me mira con un aire sorprendida y me dice: 'No, señora, son 137 dólares".

A falta de una sola caja de seguro médico público, los profesionales de la salud tienen que negociar constantemente sus tarifas con una batería de cajas privadas. La primera pregunta que se hace cuando un paciente pide una consulta es: "¿Cuál es su seguro?".

El resultado es el papeleo omnipresente. En el sitio Remapping Debate, un grupo de periodistas independientes calculó que eran 300 los empleados que trabajaban sólo en el área de facturación de un hospital de Massachusetts, mientras que en un hospital similar de Toronto, en Canadá, eran sólo tres.

"Nuestro sistema de salud se rige por asuntos de orden financiero más que por la voluntad de ayudar a las personas a mantenerse en buena salud y a atenderlos", considera Heidi Mordhorst, maestra de escuela en el condado limítrofe de la capital estadounidense. Heidi, de 48 años, recuerda el caso de un niño de 12 años fallecido comoconsecuencias de una infección dental que no fue atendida durante demasiado tiempo porque sus padres no podían pagar una consulta odontológica.

Sin embargo, Estados Unidos gasta para la salud una porción importante de su PIB (un 16,2% contra el 11,7% que gasta por ejemplo Francia), es decir unos 7.400 dólares por habitante, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) facilitados sobre2009.

Pero al parecer no es suficiente para contar con un buen sistema de salud. Según la OMS, Francia lidera la lista de países en cuanto a calidad de la atención sanitaria en general. Estados Unidos se encuentra en el puesto número 37 entre todas las naciones del mundo en esta consideración.

"Hay una crisis en este país que nadie parece ver", se indigna Stan Brock, fundador y director general honorario del organismo Remote Area Medical (RAM). Con la ayuda de clínicas móviles, su asociación ayuda a millones de personas que carecen de seguro de salud (cerca de 50 millones según la oficina de censo), o que no tienen cobertura suficiente.

"Son sobre todo personas de clase media que necesitan atención odontológica, de un par de gafas o de una simple visita médica de rutina", cuenta Brock. "Si quienes tienen el poder de cambiar las cosas vieran lo que hacemos, se darían cuenta realmente de la gravedad de la crisis", afirma.

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