Heroínas vestidas de blanco

  • Familiares de los 75 presos políticos detenidos en 2003 por la dictadura castrista salen a la calle cada semana para reclamar su liberación y democracia para Cuba

"¡Libertad, libertad!" gritan las Damas de Blanco y agitan un gladiolo en la mano. Como cada domingo, las familiares de los 75 disidentes cubanos detenidos en marzo de 2003 han salido a la calle a reclamar su liberación. Pero esta jornada, víspera del Día Mundial de los Derechos Humanos, fueron un paso más allá y avanzaron, como siempre vestidas de blanco, hasta la Asamblea Nacional (Parlamento).

Pero no todos entienden ni comparten su gesto. Nada más llegar a la Asamblea, un grupo de mujeres y hombres les enfrentan. "¿Qué hacen estas contrarrevolucionarias aquí? ¿Qué les están pagando?", preguntan a gritos. "Libertad para nuestros cinco héroes", proclama más fuerte aún otro hombre por detrás, en referencia a los cinco cubanos encarcelados por espionaje en Estados Unidos y que se han convertido en Cuba en paradigma de "su" lucha por los derechos humanos.

Rápidamente, una multitud se concentra alrededor de las cuarenta y cinco Damas. Curiosos, sí, pero también gente que proclama a gritos su fidelidad a la revolución "y a Fidel" y otros, más callados, que asienten aprobando la protesta de las mujeres. Éstas se mantienen firmes unos cinco minutos y emprenden el regreso a la Iglesia de Santa Rita, en la central Quinta Avenida del barrio capitalino de Miramar, donde cada domingo acuden a misa a rezar por sus familiares presos, 59 de los cuales siguen tras las rejas.

La marcha forma parte de un "esfuerzo grande por lograr la liberación de nuestros presos de conciencia", explica Miriam Leiva, una de las cofundadoras de las Damas de Blanco.

"El Gobierno, si dice que va a hacer cambios, que empiece por liberarlos a ellos", reclama y agrega: "Que el Gobierno comprenda que es una situación muy obstinada mantener a personas inocentes en prisión, que están sufriendo además enfermedades".

Un nutrido grupo las sigue, trata de rodearlas, lanzando improperios. "¡Pim pam fuera, abajo las gusaneras!", gritan dando palmas. "¡Viva Fidel, viva la Revolución!", les escupe un hombre desde una moto.

"Terroristas es lo que son, pidan la libertad en Iraq", proclama otro hombre. "Mercenarias, interesadas por dinero, asesinas imperialistas, vendidas al imperio..." continúan los gritos.

Impertérritas, las Damas continúan su regreso. En vísperas del Día Mundial de los Derechos Humanos su protesta requiere "más valor, más dignidad", afirma Melba Santana.

"Venimos desde muy lejos para unirnos con nuestras hermanas para reclamar la libertad de nuestros esposos, pero también para reclamar la libertad del país, del pueblo, que no tenemos", explica y promete: "Seguiremos gritando hasta el último momento de nuestra vida".

Alejadas ya de la Asamblea, el grupo que las seguía se detiene, al parecer siguiendo instrucciones de un hombre que atiende un teléfono celular. "¿Seguimos?", pregunta una de las mujeres. "Ya, ya las repudiamos", contesta otra reteniéndola. "Qué lástima", responde la primera.

Afirma sentir "indignación" por la protesta de las Damas. "Porque ésos son los que están viviendo aquí de nosotros los cubanos, que son los que estamos luchando todos los días", explica.

Sin embargo, varias cuadras adelante, prácticamente el mismo grupo vuelve a aparecer, interceptando el camino de las Damas. "Bien vestidas, las que están caminando, bien vestidas. Vayan a cortar caña, a hacer trabajo voluntario por la revolución, descaradas que son", exclama un hombre. "Qué vergüenza, qué vergüenza", dice otra señora mayor.

Pero no todo son gritos de repudio. "Es la primera vez que veo en mi vida esto, qué bueno", afirma una mujer con bolsas de la compra en la mano. "Es bueno, es bueno, están luchando por la libertad. Pero más vale que me calle", señala una anciana cuando las Damas pasan por delante de su casa. "Paz, amor y libertad", proclaman las mujeres. A pocos metros, un hombre en un Fiat 500 que ha seguido toda la marcha, muestra en su parabrisas un cartel en el que, pintado a mano, ha escrito: "Viva Fidel".

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