Iowa examina a los candidatos

  • Clinton, Obama y Edwards están muy igualados en las preferencias de los demócratas de este Estado del centro · La pugna entre los republicanos parece un cara a cara entre Romney y Huckabee

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El resultado está abierto y todo es posible, suspense puro: con las primarias en el rural Estado de las patatas, Iowa, comienza en Estados Unidos el año electoral.

Nunca antes los estadounidenses habían tenido una paleta tan amplia de alternativas para elegir. Si se cree a las encuestas, Hillary Clinton, la ex primera dama demócrata, tiene auténticas posibilidades de convertirse en la primera mujer presidente. Pero su rival demócrata Barack Obama podría ser a su vez el primer jefe de Estado negro.

Los aspirantes republicanos, como el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani, lo tienen más difícil. El presidente George W. Bush y su herencia de guerra y crisis se ha convertido en un fuerte hándicap para los conservadores. Pero aún no hay nada decidido y hasta el día de las elecciones, el 4 de noviembre, puede haber todo tipo de sorpresas. “Nadie puede estar seguro”, advierte un comentarista de televisión.

La primera sorpresa podría llegar ya en Iowa. En el reposado Estado agrario del centro del país, los miembros de ambos partidos practican una verdadera democracia de base: se reúnen en bares, casas privadas y otros locales para determinar a sus candidatos, en algunos casos incluso con votaciones a mano alzada. No es algo representativo de lo que ocurre en el resto de Estados Unidos, pero según la tradición, “aquel que gana en Iowa tiene el viento a favor”. Hace algunas semanas se auguraba la victoria de la senadora Clinton, pero ahora la tendencia es la contraria. En Iowa se perfila una carrera muy reñida entre Clinton, Obama y el senador John Edwards.

Para esta lucha de gigantes la prensa ya ha encontrado un eslogan: “Eficiencia contra cambio”. Clinton, de 60 años, es presentada como una política profesional de sangre fría que representa el pasado, mientras que Obama, de 46 años, es visto como un visionario renovador, pero al que le falta experiencia.

Obama promete redefinir la agria política de Estados Unidos y Edwards está en una cruzada populista contra las grandes corporaciones, mientras Clinton dice ser la única con experiencia en las altas esferas de Washington para lograr que las cosas se hagan.

“Algunos sólo exigen cambios, algunos sólo esperan cambios, pero yo digo que el cambio se consigue trabajando verdaderamente duro por ese cambio”, afirma Clinton en un golpe a sus dos rivales en cada escala de la campaña proselitista.

Tras unas inestables semanas previas a Navidad, Clinton, la favorita durante mucho tiempo, estabilizó su campaña, y los sondeos la muestran en un empate con sus rivales en Iowa. Los demócratas confían en que Hillary Clinton puede ganar el 4 de noviembre. “Y los demócratas quieren ahora un ganador más que nunca”, según un comentarista.

Entre los republicanos la cosa es más difícil. “Su carrera será una lucha no calculada de todos contra todos”, opina la revista Time. El partido está, en su opinión, escaso de “fuego intelectual” y todos los candidatos tienen puntos débiles.

Giuliani, el hombre que se convirtió en un héroe después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, ocupa titulares con negocios dudosos y amigos turbulentos. Además, este hombre divorciado varias veces, que está a favor del derecho al aborto, no es suficientemente conservador para muchos conservadores.

El partido se entusiasma estos días con un líder de rápido ascenso proveniente de fuera de las principales estructuras: el ex gobernador de Arkansas y predicador baptista Mike Huckabee, quien hace apenas un par de años pretendía poner en cuarentena a los enfermos de sida. Huckabee es considerado en Iowa el favorito entre los republicanos, pero no así para el 4 de noviembre.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, el tema de la religión juega un papel importante en los comicios en Estados Unidos. Huckabee se presenta como un “dirigente cristiano”, mientras que su rival Mitt Romney –que es mormón– tiene que justificarse por su confesión, y Clinton acude a misa los domingos con el libro de cantos en la mano.

El senador John McCain aspira a una recuperación en su terreno favorito de New Hampshire, cuyas primarias son el 8 de enero, con la carrera republicana abierta a nivel nacional, donde no hay candidato excluyente.

Huckabee se reunió el jueves en Iowa con unos 1.500 republicanos, muchos de ellos conservadores evangélicos, que se aglutinan en torno al sencillo mensaje contra el aborto y a favor de la educación. “Tenemos una verdadera posibilidad de ganar, lo cual sería histórico”, dijo Huckabee a la prensa el viernes.

Ex gobernador de Massachusetts y empresario millonario Mitt Romney aboga ante los evangélicos para no ser dejado de lado, debido al escepticismo que despierta su religión mormona. Romney basa su campaña en obtener victorias en Iowa y New Hampshire, pero perdió la delantera a manos de Huckabee en Iowa, y está bajo presión en New Hampshire ante McCain.

Romney lanzó una barrida de avisos televisados atacando a sus dos rivales, golpeando a McCain en el tema de la inmigración ilegal y a Huckabee por aparentes pasos en falso en política exterior. De forma sorprendente, el tema de la guerra de Iraq está siendo cada vez más secundario en la campaña, en vista de que para los estadounidenses son mucho más importantes cuestiones como el seguro médico, la crisis económica y la inmigración. La mejora relativa de la situación en el país del Golfo parece haber servido de bálsamo.

Una cosa es segura: las elecciones serán las más caras en la historia del país. La revista Forbes calcula los costes totales en 3.000 millones de dólares (2.080 millones de euros). Los presupuestos más abultado son los de Hillary Clinton y Barack Obama.

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