Los candidatos republicanos 'disparan' al ultraconservador Newt Gingrich

  • El primero de los dos debates que se celebrarán en Iowa, el Estado que dará el pistoletazo de salida a las primarias, se centra en política exterior · Todos los precandidatos critican al por ahora favorito

El precandidato Newt Gingrich, favorito en las encuestas para obtener la nominación de su partido en las elecciones presidenciales de EEUU, fue el blanco de los ataques en el nuevo debate republicano. Gingrich y su principal rival en los sondeos, el ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney, dominaron claramente el primero de dos debates en cinco días en Iowa, el estado que el próximo 3 de enero abrirá la temporada de primarias republicanas.

Gingrich, ex presidente de la Cámara de Representantes, sacó las garras casi desde el primer momento, cuando replicó a Romney -que en una alusión a él había hecho una crítica a los políticos profesionales- que "la única razón por la que usted no es un político profesional es que perdió la elección para el Senado contra Ted Kennedy en 1994".

El ex gobernador de Massachusetts replicó entre las risas del público que también podría haberse convertido en jugador profesional de fútbol americano de haber entrado en la Liga. Más en serio, aseguró que perder esas elecciones le permitió entrar en el sector privado y recibir allí la experiencia necesaria para saber cómo gestionar de la mejor manera la economía del país.

Pero el momento en el que ambos se enzarzaron más duramente tuvo lugar al abordar Oriente Próximo y, más precisamente, las declaraciones de Gingrich el viernes acerca de que el palestino es un "pueblo inventado".

Gingrich, cuya campaña había emitido ayer un comunicado en el que trataba de matizar sus declaraciones -aunque no las corregía-, insistió en que esas declaraciones "son la verdad". Con un título universitario en Historia, el ex presidente de la Cámara insistió en que el derecho de retorno que reclaman los palestinos "carece de base histórica" y que el término Palestina no se comenzó a usar hasta después de la guerra israelo-palestina de 1967. Hablar del pueblo palestino, aseguró, es "una guerra de propaganda".

Romney, a su vez, consideró un "error" esa declaración. Aunque aseguró que como presidente estadounidense prestaría todo su apoyo a Israel, "no debemos hablar en nombre de Israel", advirtió. Declaraciones como la de Gingrich, agregó, sólo contribuyen a hacer aún más volátil una situación ya de por sí incendiaria. "Lo último que le hace falta al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, es que se le cree aún más inestabilidad en su vecindario", aseguró.

El millonario Romney, que hasta el reciente despegue de Gingrich en las encuestas estaba considerado el aspirante con más posibilidades de lograr la candidatura, quiso en todo momento evitar perder la compostura y proyectar una imagen de persona normal y corriente. Pero en un momento dado cometió un traspiés que puede restarle votos en las próximas semanas al replicar, tras una afirmación de Rick Perry sobre su mandato, que le apostaba "10.000 dólares" al gobernador de Texas que estaba equivocado. Ese dinero es una cantidad más que sustancial para el estadounidense medio.

Gingrich y Romney también mostraron sus diferencias en lo relativo a inmigración: el ex presidente de la Cámara abogó por una vía para la regulación de al menos ciertos indocumentados, aquellos con raíces demostradas en el país y al menos 25 años de estancia, mientras que Romney se declaró en contra de "ningún trato de favor".

El resto de los aspirantes, muy descolgados en las encuestas, intentaron dejar su marca en el debate, una de sus últimas oportunidades para subir puestos.

Michelle Bachmann quiso identificar a sus dos principales oponentes al describirlos como el dúo "Romney-Gingrich", mientras que el ex senador Rick Santorum y el sempiterno aspirante presidencial Ron Paul tampoco se abstuvieron de lanzar sus dardos contra el ex presidente de la Cámara. No estuvo Herman Cain, el empresario que, tras convertirse en uno de los favoritos de la contienda, se vio obligado a renunciar por una sucesión de escándalos sexuales.

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