Una hispana en el Supremo

  • Sonia Sotomayor, una juez de origen puertorriqueño y humilde, juró ayer su cargo y se convierte en miembro del máximo tribunal norteamericano

La juez Sonia Sotomayor juró ayer su cargo como primera magistrada hispana del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Pero, en sus primeros tiempos, esta posibilidad hubiera parecido un sueño inalcanzable, y el camino no ha sido en absoluto sencillo.

Incluso después de que el presidente estadounidense, Barack Obama, anunciara su nombramiento en una emotiva ceremonia en la Casa Blanca el pasado 26 de mayo, Sotomayor ha tenido que defenderse de las críticas, ya que representantes republicanos le acusaban de racista.

La causa fue un discurso hace varios años en California en el que afirmó que una mujer latina "sabia" tendría más elementos de juicio a la hora de emitir un dictamen que un hombre blanco que no hubiera contado con esas experiencias. A lo largo de su audiencia de confirmación, los senadores republicanos aludieron de manera reiterada a esas declaraciones.

Sotomayor es la primera latina, y tan sólo la tercera mujer, en ocupar este cargo.

Para esta juez, cuya modestia y hablar suave esconde una férrea dedicación a su trabajo, será el cumplimiento de su sueño infantil, cuando desde su hogar en unas humildes viviendas del barrio neoyorquino del Bronx leía las novelas de la niña detective Nancy Drew y soñaba con hacer cumplir la Justicia como ella y otro de sus héroes, el abogado televisivo Perry Mason.

Hija de inmigrantes puertorriqueños, Sotomayor se quedó sin padre a los nueve años. Su madre, Celina Sotomayor, asumió las riendas del hogar tras la muerte de su esposo y se encargó de criar a sus dos hijos, a los que inculcó la idea de que el trabajo duro y la educación eran la mejor forma de progresar en la vida.

A los ocho años, a la pequeña Sonia se le diagnosticó una diabetes, algo que parecía poner fin a sus sueños de convertirse en defensora de la ley.

Pero, como recordó Obama al anunciar su nombramiento, la magistrada ha demostrado que "no importan los orígenes que uno tenga o los desafíos que la vida te presente. No hay sueño que no pueda alcanzarse en Estados Unidos". Su talento, perseverancia y el apoyo familiar le permitieron obtener una beca para estudiar en la prestigiosa Universidad de Princeton, donde se graduó summa cum laude. Después, se graduó de la Escuela de Derecho de Yale.

Tras licenciarse, comenzó a trabajar en la oficina del fiscal de distrito de Manhattan, bajo la batuta del mítico Robert Morgenthau, un puesto que ocupó entre 1979 y 1984. Ese año, George Pavia, un abogado que representaba a Fiat y otras empresas italianas, la fichó para trabajar en el sector privado.

En 1991 dio otro paso adelante gracias al presidente George Bush, que la nombró para ser juez de distrito en Manhattan, un puesto para el que fue confirmada un año más tarde y que la convirtió en la primera juez federal hispana en Nueva York.

Su decisión más memorable en el citado tribunal de distrito se produjo en 1995, cuando puso fin a la huelga de siete meses de las Ligas Mayores de Béisbol, al emitir un dictamen que respaldó la posición de los jugadores y no la de los dueños de los clubes.

El presidente Bill Clinton la designó en 1997 para el Segundo Circuito Federal de Apelaciones, aunque los republicanos bloquearon su nominación durante más de un año, aparentemente por el temor a que algún día pudiera ser elegida para el Supremo.

Sotomayor se divorció cuando era joven y nunca ha vuelto a casarse ni ha tenido hijos.

Amante del béisbol y de la comida, Sotomayor se describe como una persona "extraordinariamente intensa" a la que le gusta disfrutar de la vida.

Será el primer lunes de octubre, cuando el Supremo retome sus sesiones, cuando podrá disfrutar intensamente de su nuevo trabajo: defender la ley, como siempre soñó, pero desde lo más alto.

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