Un italiano se encarama a la cúpula de San Pedro para protestar contra la UE

  • El empresario Marcello di Finizio se ha manifestado en contra de la directiva Bolkestein, que aboga por sacar a subasta las concesiones de restaurantes balnearios a la orilla del mar.

Un empresario italiano se ha encaramado a la cúpula de la basílica de San Pedro, en el Vaticano, donde ha permanecido 27 horas para protestar contra el Gobierno italiano de Mario Monti y la Unión Europea, siguiendo una tendencia creciente de estas escaladas reivindicativas en Italia.

No es la primera vez que Marcello di Finizio sube a lo alto del templo símbolo de la Iglesia católica; ya lo hizo el pasado 30 de julio durante cuatro horas, pero en esta ocasión ha estado durante 27 horas lanzando su mensaje al mundo desde la plaza de San Pedro. Sobre las 20:00 de este miércoles los bomberos le han ayudado a bajar. Di Finizio subió por las escaleras como un turista más hasta la linterna del Vaticano y desde allí se deslizó sin problemas hasta el ojo de buey donde permanece asegurado con un arnés. También pasó tres días en lo alto de una grúa del puerto de Trieste el pasado mes de marzo, y ha defendido su restaurante La voz de la Luna, situado en la ciudad nororiental de Trieste, a capa y espada incluso con huelgas de hambre.

Di Finizio lleva toda su vida dedicado a este restaurante frente al mar que tuvo que reconstruir hace algunos años después de un incendio y que ahora puede perder si se pone en práctica una normativa europea, la directiva Bolkestein, que impone la subasta de restaurantes a la orilla del mar desde 2015. Sentado en uno de los ojos de buey de la cúpula, que se alza a 130 metros sobre el nivel del suelo, el empresario de Trieste permanece desde tarde del martes junto a su pancarta, donde puede leerse "Help. Basta, Monti; basta, Europa; basta, multinacionales. ¿Desarrollo? Nos estáis matando a todos. Esto es solo una carnicería social".

Los italianos han visto estos últimos meses a trabajadores de fábricas amenazadas por la crisis subir a lo más alto de depósitos y otras instalaciones para protestar. Pero el caso de Di Finizio es especial porque se trata de una sola persona, de un empresario y no de un asalariado, que ha visto amenazado el negocio de su vida y ha decidido quejarse de la forma más llamativa eligiendo uno de los monumentos más conocidos del planeta para exponer su caso.

Desde este privilegiado mirador ha presenciado la audiencia pública que, como todos los miércoles, el papa Benedicto XVI ha ofrecido a los miles de fieles que se aglomeraban en la plaza vaticana. También desde ahí rechazó el martes la posibilidad de entrevistarse en la sede de la Presidencia del Gobierno italiano que le ofrecieron el martes los ministros italianos para Asuntos Europeos, Enzo Moavero, y para Asuntos Regionales, Piero Gnudi. "No soy un loco suicida, sólo soy un desesperado", ha dicho el empresario a la televisión italiana Sky Tg24, en una entrevista en la que ha explicado que sólo descenderá "si el Gobierno convoca inmediatamente una mesa de negociaciones con los representantes de los balnearios". "Hasta ahora sólo ha habido promesas, han hecho sólo recortes", ha asegurado Di Finizio, que dice que no bajará para recibir una "palmadita en la espalda y una patada en el culo".

La mañana de este miércoles, la mayoría de los turistas y fieles que paseaban por la plaza de San Pedro permanecían ajenos a la presencia del dueño de La voz de la Luna en lo alto de la cúpula, y sólo ante el numeroso grupo de cámaras que se agolpaba en el otro extremo de la plaza reparaban en la pancarta y se interesaban por el motivo de la protesta. La mayoría de ellos se mostraba solidario con las razones del empresario de Trieste, y, aunque alguno consideraba inapropiado que el empresario eligiera un símbolo religioso para contar al resto de Italia y del mundo su situación, todos coincidían en que, si no hubiera sido así, probablemente su situación no tendría ningún viso de esperanza.

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