Las mejores cartas a 'Granma'

  • Los lectores del diario oficial del Partido Comunista se quejan una vez a la semana de los bajos salarios, del igualitarismo sin sentido o de la ineficacia de la burocracia

Problemas de salario, transporte o burocracia, críticas al igualitarismo: la sección Cartas a la Dirección de Granma, aún filtrada por el diario, es un muestrario tanto de las aspiraciones de cambio como del inmovilismo en la isla comunista.

Desde el 14 de marzo, Granma, órgano oficial del Partido Comunista (PCC, único), ofrece cada viernes una página en la que tres o cuatro lectores escogidos -identificados sólo por la inicial del nombre y su primer apellido- opinan sobre "los numerosos problemas acumulados" en la sociedad, con el fin, según el rotativo, "de alertar y sugerir alternativas".

"El igualitarismo es un desafuero", "el igualitarismo es una gran injusticia", "igualdad, no igualitarismo", "es hora de cambiar este espíritu de igualitarismo" son algunas de las críticas que pueden leerse, porque, explica P. Núñez, el igualitarismo "premia a justos y pecadores sin distingos".

Con el equivalente a una veintena de dólares al mes, un médico cubano gana casi como un obrero -insuficiente para ambos- y el debate sobre los salarios se aviva. "Irrita pensar que el único país del mundo en el que se puede vivir sin trabajar es Cuba", dice indignado R. Ávila, para quien "la pirámide social está invertida".

"Un círculo vicioso", dice por su parte M. Ángel, pues "el bajo salario conduce a que alguna gente no se sienta estimulada a trabajar; y como no trabajan, no producen; y esto conduce a que no puedan tener buenos salarios".

"Nuestro modelo económico debe ser transformado", reclama I. Hernández, para quien "es necesario conceder autonomía a nuestra empresa socialista para que sea más dinámica" y que "el trabajador no sea un tornillo del estatismo".

"Nuestra generación no quiere más este paternalismo" estatal, asegura B. Reyes, de 30 años.

Pero "el socialismo en Cuba es cubano, no se debe copiar el (modelo) chino, el vietnamita u otro", previene J. Crespo, aunque es partidario de vincular salarios y productividad.

Sin citarlo, A. R. Hernández se cuestiona los llamamientos oficiales a "trabajar más". "¿No sería más apropiado hablar de trabajar mejor?", se pregunta antes de abogar por "pequeñas y medianas empresas más autónomas y administrables" en lugar de las de "la propensión al gigantismo y a la centralización excesiva".

"La afirmación según la cual somos dueños de los medios de producción es una fórmula gastada", escribe P. Núñez, al subrayar la necesidad de que "tanto los éxitos como los fracasos se reflejen en el bolsillo".

En la agricultura, prioridad del Gobierno, "es necesario cambiar la política, liberar los precios, estimular a los productores, no aplicar tantos impuestos y no tener miedo a los intermediarios", asegura A. del Rey, graduado en la Unión Soviética en 1969.

J. Augusto Ochoa se pregunta "cuántas veces hemos estado en una reunión en donde todos votamos unánimemente", mientras que "en los pasillos se oyen oponentes a la decisión" adoptada. La pesada burocracia cotidiana provoca "cólera e impotencia, tan fuertes que un hipertenso correría el riesgo de un infarto", dice B. L. Medero.

Si con la llegada de autobuses chinos "el transporte ha mejorado considerablemente, no existe una disciplina en los horarios" y los "chóferes se embolsillan" directamente el dinero del pasaje, observa F.L. Ramos.

"Me duele el nivel de corrupción que hay en los niveles laborales, desde los simples empleados", reconoce L. E. Rodríguez, mientras que A.S. González se queja de los tres meses en que no pudo comprar sus almohadillas sanitarias en la farmacia local, cuando "hay tanta gente en la calle que las revende impunemente".

Hasta el propio Granma es con frecuencia imposible de encontrar en los kioscos, pues es reenviado y revendido hasta en cinco veces su precio, asegura F. R. Rojas.

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