Los nuevos ministros belgas juran su cargo tras un año y medio sin gobierno

  • Elio di Rupo pone fin a la crisis política al formar un Ejecutivo integrado de forma equilibrada por flamencos y valones sin presencia de los independentistas.

Año y medio después de las elecciones anticipadas de junio de 2010, que dejaron a Bélgica con un gobierno interino, y tras haber batido el récord mundial de país sin gabinete estable, el nuevo primer ministro del país, el socialista francófono Elio Di Rupo, ha jurado su cargo ante el rey Alberto II.

En una sencilla pero solemne ceremonia en el castillo de Laeken, en las afueras de Bruselas, los 12 ministros, seis de la comunidad neerlandófona de Flandes (norte) y seis de la francófona de Valonia (sur), también juraron ante el Rey respetar la Constitución y las leyes del país federal, nacido en 1830. La fórmula de juramento fue corta, apenas un par de líneas leídas en voz alta, pero exigió a los nuevos ministros esfuerzos lingüísticos considerables, ya que muchos francófonos, entre ellos el propio Di Rupo, no dominan el neerlandés, que es junto al francés y el alemán (en el cantón del Este) una de las tres lenguas oficiales del pequeño país del Benelux.

Vestido de traje oscuro y con su ya tradicional pajarita, Di Rupo, que nunca durante su dilatada carrera política ocultó su homosexualidad, presentó ante el monarca a todos los ministros y cinco secretarios de Estado del nuevo gabinete. Es la primera vez desde 1974 que un francófono accede a tal responsabilidad de Estado.

El Rey, por su parte, se mostró muy satisfecho, tras año y medio de sobresaltos por la crisis política, que le obligó a suspender al menos dos veces sus vacaciones en la Costa Azul francesa para buscar una salida. De hecho, en los últimos meses Alberto II, de 77 años, ha sido uno de los monarcas más ocupados de Europa: ha tenido que nombrar a varios negociadores o mediadores para intentar acabar con la situación de impasse.

Todos arrojaron la toalla antes de haber cumplido la misión, hasta llegar al tenaz Di Rupo, quien demostró una habilidad negociadora extrema para tensar y aflojar la cuerda cuando hacía falta para lograr los mayores consensos. De hecho, la radiotelevisión pública belga francófona RTBF en sus comentarios a la ceremonia, transmitida en directo a todo el país, aseguraba en tono distendido que Bélgica cuenta ya con el "gobierno pajarita", en referencia a ese elemento inseparable del atuendo de Di Rupo, al tiempo que alabó su labor mediadora.

Los flamencos reclaman mayores competencias respecto a Valonia, especialmente en el terreno fiscal, y por ello los francófonos tuvieron que hacer numerosas concesiones para poder mantener la unidad del Estado federal, con la capital, Bruselas, sede de las instituciones de la Unión Europea (UE) y de la OTAN, como isla administrativamente híbrida en medio. La madrugada del domingo, los seis principales partidos políticos belgas de ambas comunidades alcanzaban un acuerdo para la formación del nuevo gabinete de gobierno, sin los independendistas flamencos de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA), partido vencedor en los comicios de 2010 pero muy intransigente en sus posturas, tras casi veinte horas de maratón negociadora.

Además de Elio di Rupo, del Partido Socialista francófono (PS), hay 12 ministros repartidos de forma equilibrada entre flamencos y valones, como marca la Carta Magna del país federal. Entre los nombres más sobresalientes del nuevo gobierno, que sustituye el gabinete en funciones presidido hasta el momento por el democristiano flamenco Yves Leterme, figura el del liberal francófono Didier Reynders, ex ministro de Finanzas y nuevo ministro de Asuntos Exteriores.

En el nuevo gabinete habrá representantes socialistas, liberales y democristianos. Cada grupo posee dos ramas, flamenca y francófona: no obstante, la N-VA no estará. La beligerante formación independendista presidida por el polémico Bart de Wever se queda fuera, a pesar de que obtuvo la victoria a escala federal en los comicios anticipados de junio de 2010, mientras que Di Rupo ganó en Valonia.

De Wever fue excluido por Di Rupo de las negociaciones para formar nuevo gobierno por su postura inflexible en relación a las reclamaciones de mayor autonomía a todos los niveles para Flandes respecto a Valonia en el complejo estado federal belga.

 Tras 541 días sin gabinete estable, Bélgica logró a finales del mes pasado superar las fuertes diferencias entre los partidos flamencos y francófonos, aunque el camino que le queda por delante no está exento de grandes dificultades. El pasado viernes cerca de 50.000 personas se manifestaron por las calles de Bruselas en protesta por los planes de austeridad del nuevo gobierno, que prevé un paquete de ahorro de 11.300 millones de euros. Bélgica debe cumplir con las metas de consolidación fiscal que exige la UE, entre ellas reducir el déficit público al tres por ciento del producto interior bruto (PIB) para el año que viene.

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