La rebelión de los ayatolás

  • Los principales líderes de la oposición a Ahmadineyad fueron fieles servidores del imán Jomeini y su revolución

Crisis, referéndum, violación de derechos humanos y puesta en libertad de los presos políticos. Todos estos términos, que antes empleaban los grupos de oposición en el extranjero, han sido siempre un tabú en Irán. Pero ahora se escuchan de la boca de dos ex presidentes y un ex jefe de gobierno.

Lo que están haciendo estos días Akbar Hashemi Rafsanyani, Mohammed Jatami y Mir Hussein Mousavi convierte a estos ex líderes políticos en disidentes. "Tienen menos pelos en la lengua que los seguidores del Sha", dijo un observador.

El trasfondo del conflicto son las acusaciones de que en la cuestinada reelección del jefe de Estado, Mahmud Ahmadineyad, hubo fraude a gran escala.

La presunta falsificación de los resultados de las elecciones presidenciales del 12 de junio condujo a una oleada de protestas en las que han muerto, oficialmente, 21 personas. Cientos de personas, inclusive antiguos miembros del gabinete de gobierno y diputados, están encarcelados desde hace semanas. "Son nuestra gente, ¿no estamos siendo tolerantes si quiera con nuestra propia gente?", se preguntaba Rafsanyani.

Mousavi pidió nuevas elecciones, Jatamí un referéndum sobre la legalidad de la reelección de Ahmadineyad y Rafsanyani un debate abierto sobre el status quo.

El trío opositor afirma que hasta que no se cumplan estas demandas, no reconocerán al presidente y su nuevo gobierno que hoy toman posesión oficialmente. Los tres quieren mantener las protestas en el marco de la legalidad. Al parecer no quieren que se vuelva contra ellos el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, quien afirma que: "nuestros sabios deberían tener cuidado sobre lo que dicen y lo que no dicen".

"Nosotros debemos proseguir con nuestras protestas por el camino legal a fin de poder superar esta crisis de forma efectiva", expone Rafsanyani. Este punto de partida es compartido también por Jatami y Mousavi, que -al igual que Rafsanyani- fueron personas de confianza del fallecido ayatolá Jomeini .

Ahmadineyad ya tenía claro antes de las elecciones que no sólo se disputaba la presidencia contra un rival. "Tengo que luchar contra un trío", dijo entonces el presidente. Y es así como ha sido, sólo que ahora él ha colocado a los tres en el mismo rincón de la oposición.

A Rafsanyani lo acusó de corrupción; de Jatamí dijo que su política de distensión durante su presidencia (1997-2005) fue una "vergüenza" para Irán y sobre la mujer de Mousavi dijo que había falsificado títulos para conseguir su doctorado.

Pero el principal problema del presidente iraní no es el trío opositor sino las protestas de sus seguidores. El último viernes volvieron a salir a las calles tras la plegaria y gritaron "muerte al dictador". Y Ahmadineyad sabe a la perfección a quién se refieren.

El mandatario cuenta, al igual que antes, con el apoyo de la guardia revolucionaria, sus milicias de voluntarios, los basiyies, así como con amplia parte del clero conservador y especialmente con el líder supremo del país, el ayatolá Ali Jamenei, quien -según la Constitución- tiene la última palabra en todas las decisiones políticas. Según Jatamí, en una república islámica, la violencia y el encarcelamiento no tienen que ver ni con el Islam ni con la república.

Las últimas declaraciones de Rafsanyani volvieron a abrir la herida. "Sin la voz de las personas no puede haber un gobierno islámico", afirmó el clérigo moderado. El clero ultraconservador interpretó estas palabras como que se está socavando todo el sistema.

"La legitimidad de un gobierno en el sistema islámico viene de Dios y no de las personas", se apresuró a apostillar el ayatolá Mohammed Yasdi, miembro del Consejo de Guardianes, que aprobó la reelección de Ahmadineyad pese a las protestas. Rafsanyani ha ignorado los principios islámicos, interpretó Yasdi. Con ello, además de la crisis política en Irán comienza a afilarse el debate teológico e ideológico.

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