Acampada en el Real

  • Publicada en DVD la producción de 'Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny' de Weill que La Fura hizo para el Real.

Weill: Mahagonny. Solistas. Orquesta del Teatro Real. Pablo Heras-Casado. La Fura del Baus Bel Air (DVD) (Harmonia Mundi).

De las cuatro óperas compuestas a finales de los años 20 sobre textos de Bertolt Brecht, Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny es, junto a La ópera de los tres centavos, la obra de Kurt Weill (Dessau, 1900 - Nueva York, 1950) que más interés despierta en nuestros días. Estrenada en marzo de 1930, Mahagonny forma parte de un conjunto de títulos escritos por diversos compositores (Hindemith, Krenek, el propio Weill) en la Alemania de Weimar contra el hedonismo consumista generado en la posguerra, aquellos felices años 20 que sirvieron como plataforma para catástrofes aún mayores de las que le precedieron. El crack del 29, con su gran depresión adherida, es posterior al texto de Brecht. Su crítica corrosiva (e ingenua) se lanza pues contra el sistema capitalista en su fase expansiva, no contra los efectos de la crisis.

Con Mahagonny (en versión inglesa) Gérard Mortier hizo su presentación oficial en el Teatro Real, ya que se trata de la primera producción propia del coliseo madrileño bajo su dirección. El intendente belga la puso en manos de Alex Ollé y Carlus Padrissa, esto es, La Fura del Baus, que enfatizaron, si ello es posible, el carácter antisistema de una obra que es en sí pura metáfora de un régimen social corrupto, que aquí se quiere fundado sobre la misma podredumbre, pues la ciudad se levanta sobre un estercolero. La puesta en escena de La Fura prescinde esta vez del componente tecnológico y las proyecciones de vídeo a los que recurren últimamente con frecuencia, para profundizar en la dirección de actores. Las soluciones teatrales del grupo catalán funcionan especialmente bien en el segundo acto, cuando se representa el resurgir ficticio de la ciudad apoyado en los placeres sensuales (comida, bebida, sexo, lucha), y se hacen algo más previsibles en el final, cuando tras la condena que marca bien la demagogia de Brecht (Jim MacIntyre condenado a tres días de cárcel por matar a un amigo y a muerte por beber tres botellas de whisky sin pagarlas), la escena se puebla de una masa humana con pancartas que parecen adelantar las acampadas antisistema de los últimos meses. El mensaje anticapitalista, centrado en la crítica del dinero y las falsas libertades que procura, resulta tan primario y simplista como de costumbre. En eso, sin duda, la vigencia de la obra es absoluta.

A las tópicas obviedades del texto hay que sumar la música reconocible de un Weill tan elemental y hábil con ritmo y melodía como siempre. Lo mejor de la función es la dirección tensa y aristada del granadino Pablo Heras-Casado, que en su debut a lo grande en el Real enaltece la obra otorgándole un tono no lejano al del expresionismo. Del elenco, destacan el encanto, entre lo ligero y lo lírico, de Maesha Brueggergosman y el canto oscuro y noble de Willard White. Jane Henschel, Donald Kaasch, Michael König, John Easterlin, Otto Katzmaier y Steven Humes completan con nota el reparto. Un espectáculo sólido, que ha sido exportado con éxito al extranjero.

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