Cine

Alemania, año cero

  • El Festival de Gijón clausura su serie sobre los 'nuevos cines' modernos con un libro dedicado al Nuevo Cine Alemán

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Al rebufo de los nuevos aires de renovación y modernidad en el cine europeo de los primeros sesenta (Nouvelle vague,Free cinema), y reunidos en el festival de cortometrajes de Oberhausen, los jóvenes cineastas alemanes sentaban las bases de su necesidad de cambios en el ya famoso manifiesto de 1962: "este nuevo cine precisa de nuevas libertades: frente a los convencionalismos usuales de la profesión, frente a la influencia de los socios comerciales, con respecto a la tutela ejercida a través de grupos de presión. Tenemos ideas intelectuales, formales y económicas concretas sobre la producción del nuevo cine alemán. Juntos estamos dispuestos a asumir los riesgos económicos. El viejo cine ha muerto. Creemos en el nuevo". Entre los firmantes de aquel texto fundacional, que no empezaría a dar sus primeros frutos hasta 1965, algunos nombres de peso del cine alemán de la segunda mitad de siglo como Alexander Kluge o Edgar Reitz.

El Nuevo Cine Alemán nace sobre una base compartida con el resto de nuevos cines europeos: el levantamiento en armas contra el cine del pasado (y el presente), tanto en lo que respecta a sus temas y géneros (los heimatfilms, comedietas y musicales folclóricos de los 40 y 50), como a sus formas y a sus procesos industriales. Amparados por nuevas instituciones (Kuratorium junger deutsche Film) y por la televisión pública, el NCA asume su condición renovadora a partir de una mirada hacia adelante, en el proceso de regeneración del lenguaje y de los canales de producción y difusión de las películas, pero también hacia atrás, con la revisión crítica de la historia reciente de una Alemania vapuleada aún bajo la alargada sombra del nazismo, todo ello en un contexto socioeconómico favorable (el "milagro") que añadía más bruma e incertidumbre a las contradicciones de una de las culturas motrices de Europa, cuya herencia romántico-expresionista, revisada también, a partir de Brecht, por una nueva generación de escritores (Böll, Grass, Hadke), va a encontrar en el cine una de sus expresiones más radicales y resistentes.

Trazado el camino en Oberhausen, al NCA se irán incorporando sucesivamente Jean-Marie Straub, Volker Schlöndorff, Peter Lilienthal, Harun Farocki, Rudolph Thome o Peter Fleishmann y, muy especialmente, aquellos que, como Wim Wenders, Werner Herzog, Rainer W. Fassbinder, Hans-Jurgen Syberberg, Margarette von Trotta o Werner Schroeter, dotaron de gran relevancia internacional al movimiento desde la singularidad autorial y la fuerte personalidad de sus propuestas.

Del trayecto del NCA hasta 1982, fecha en la que el filme colectivo Alemania en otoño levantaba acta de defunción, nos da buena cuenta este ejemplar volumen, el último de la serie dedicada a los nuevos cines que cada año nos obsequia el Festival de Gijón, en el que un primer bloque de ensayos (Paisajes) se encarga de desvelar a Alemania como "paisaje físico, pero también mental, como herencia inexcusable a la que deben enfrentarse todos estos cineastas" a través de la herencia del cine del pasado, la política, las relaciones con la Historia, las formas y los temas de un cine no-reconciliado. El segundo, Figuras, se acerca a las poéticas singulares, aunque estrechamente relacionadas con el paisaje, de Herzog, Wenders, Farocki, Straub-Huillet, Syberberg o Fassbinder. Una antología de textos y un diccionario biográfico completan la edición.

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