Antihéroes de andar por casa

  • Ignacio Martínez de Pisón habla en 'Dientes de leche' del peso de la política en la vida íntima a través de la historia de un fascista italiano en la España franquista

En Enterrar a los muertos, el libro que lo convirtió en un escritor al que en adelante habría que estar atentos, Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) dio forma de novela a una investigación histórica sobre la figura de Pepe Robles, profesor de Literatura, traductor de John Dos Passos y defensor de la República desaparecido durante la Guerra Civil en la zona republicana víctima de la represión estalinista. Ahora, en su última obra, Dientes de leche (Seix Barral), entrega una ficción pura, "una novela-novela", dice, cuyo soporte fundamental es la historia reciente de España. "No soy el mismo novelista después de Enterrar a los muertos. Desde entonces, la intervención de la historia en mis libros es mucho más intensa", dice.

Los que hicieron o sufrieron la contienda, los hijos de éstos que vivieron la posguerra y los nietos de aquéllos que nacieron alrededor de los años sesenta y conocieron por fin la democracia, esto es, "las tres generaciones que representan la evolución", están en el centro de una novela que además habla de "lo mismo" que en sus anteriores trabajos, admite. La familia, las historias de padres e hijos, de padres y hermanos, de maridos y esposas en continuo debate político, a veces subterráneo, en ocasiones malsano, forma parte también del núcleo de un libro que atraviesa "de forma lateral o indirecta" los últimos cincuenta años de nuestra historia.

Martínez de Pisón se cuela aquí en el hogar de los Cameroni, un hogar normal lleno de secretos y algunas miserias fundado por Raffaele Cameroni, un fascista circunstancial italiano que acude a España para luchar en el bando franquista, e Isabelita, una enfermera que le atiende en Zaragoza cuando cae herido en el campo de batalla. El escritor, que abominadel "costumbrismo rancio", se adentra entonces en su historia "cotidiana", que es la "verdadera historia", afirma.

La "chispa" de esta novela, explica el autor, surgió cuando conoció el Sacrario Militare Italiano, un mausoleo que las autoridades franquistas leventaron en homenaje a los soldados italianos que vinieron para derribar la República y acabaron muriendo en alguna batalla. Martínez de Pisón calcula que unos 80.000 voluntarios del país transalpino sirvieron en la guerra civil a los intereses de Franco, un apoyo apabullante en comparación con el que pudieron prestar a los republicanos los comunistas y anarquistas procedentes del mismo país, unos 5.000 según estima el autor.

Al escritor le disgusta "la visión épica de la guerra civil, porque no se corresponde con la realidad", dice. "Quedan muchas cosas por saber. Por ejemplo, Pedro Corral cuenta en su último libro [Desertores. La Guerra Civil que nadie quiere contar, editado por Debate] los problemas que tuvieron los dos bandos con las numerosas deserciones", añade.

Martínez de Pisón, en fin, está mucho más interesado en "la parte antiheroica de la guerra". "En general, los italianos que lucharon junto a los franquistas eran unos chapuceros y ni siquiera eran fascistas convencidos. En la batalla de Guadalajara, la mayoría salió corriendo o fue apresada. Por eso dijo el general que estaba a su frente: Me han mandado un ejército de figurantes. Lo dijo porque muchos de ellos malvivían en las afueras de Roma, haciendo de extras en películas históricas como Escipión el africano y vinieron a nuestro país a buscarse la vida", concluye el autor, que por cierto está nominado a los Goya por el guión de Las 13 rosas, escrito a cuatro manos con el cineasta Emilio Martínez Lázaro, con el que ya hizo lo mismo hace casi once años en Carreteras secundarias, filme basado en su novela homónima.

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