Artificio y canastas de mimbre

La única y excepcional entrega discográfica de Joaquín El Canastero (Se busca, 2001) se abre con una gran composición por tangos dedicada a Camarón, cuya nueva versión por bulerías es uno de los números estrellas del disco presente. La comparación es odiosa e inevitable y la naturalidad de la voz de Joaquín y lo deliciosamente precario de su producción contrasta con la potencia y la exhuberancia de esta segunda entrega de Pastor. No digo que la cuidada producción sea un lastre para el flamenco, pero es cierto que este arte gana con la naturalidad y la intimidad, y cuando se convierte en un artefacto sólo sale indemne quien abre la mano a la experimentación. No es el caso. Firma la producción Paco Ortega, con una intención parecida a la esgrimida en la última entrega de Mercé, por hablar de uno de sus últimos trabajos: flamenco comercial, estribillos, bajo eléctrico, coros. La intención es tan obvia que hasta se repite un número, el Mammy. Lo mejor son los números tradicionales, tangos canasteros y seguiriya en que da fe de su estilo seco, feroz, caracterísico de la Plazuela, que contrasta con el barroquismo de Moraíto. Una verdadera isla en un álbum exquisitamente producido y olvidable.

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