'Atalaya, 25 años buscando utopías' repasa el cuarto de siglo de vida de la formación

  • La Consejería de Cultura edita un voluminoso libro que profundiza en la trayectoria y las inquietudes de la compañía

En 1986, una compañía sevillana todavía primeriza, Atalaya, estrenaba en el Círculo de Bellas Artes de Madrid un montaje sobre el texto de Lorca Así que pasen cinco años. Aquel espectáculo, aplaudido por crítica y público, colocó a la formación en la primera línea de la escena española, pero sirvió igualmente para que uno de los espectadores, Rafael Alberti, comprendiera al fin "esta obra tan difícil de Federico", tal como le confesó a José Monleón cuando cayó el telón.

Esta anécdota forma parte de las múltiples historias que contiene Atalaya, 25 años buscando utopías, un voluminoso libro editado por la Consejería de Cultura que repasa el cuarto de siglo de andadura de una de las agrupaciones más celebradas del panorama nacional. Un trayecto en el que sus componentes, con su director Ricardo Iniesta a la cabeza, han entendido las artes escénicas como "una forma de rebeldía"; un viaje, emprendido desde la rabia y la poesía, alrededor de la existencia humana.

Las citas que abren la publicación, del dramaturgo Heiner Müller y la directora Ariane Mnouchkine, ilustran los principios que han guiado el trabajo de Atalaya. "El teatro, o es una proyección sobre la utopía, o no es nada en particular", avisa el dramaturgo alemán. La directora francesa, por su parte, proclama que "el teatro de la utopía puede cambiar el mundo. Mañana no, pero el teatro puede ser honestamente un grano de arena contra la barbarie, es útil dentro de la desesperación contemporánea".

Ricardo Iniesta, que presentó ayer la publicación junto con la directora general de Industrias Culturales, Ana Navarro, y el delegado de Cultura de la Junta, Bernardo Bueno, considera que el "lector ideal" del libro "es un actor joven que quizás no conozca Atalaya. Queremos que este libro sirva como herramienta para su trabajo".

Bernardo Bueno conoció los comienzos de Atalaya desde su cargo, entonces, como concejal en el Ayuntamiento de Sevilla. "En aquella época teníamos una ciudad totalmente distinta. Recuerdo una Cita en Sevilla que cerró Atalaya. La policía le pedía la licencia a algunas compañías porque había partidos que no estaban de acuerdo con algunas actuaciones. En aquel tiempo hicimos acciones peligrosas", bromea Bueno. El político observa en Iniesta que "ha cambiado, pero siempre ha conservado su compromiso con el teatro y con el público. Esa forma inconformista, siempre investigando, merecía ser reconocida con un libro", valoró.

Juan Ruesga, autor de algunas escenografías emblemáticas en la trayectoria de la compañía, destaca "el concepto de grupo, de colectivo" que siempre se ha respirado en Atalaya. Y la calidad y hondura de sus propuestas. "Ahora se hace un teatro bien facturado, pero sin contenido. Algo que hemos perdido de otros tiempos, pero que tenemos todavía en Atalaya".

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