Banda sonora para 'Santa Rufina'

La Fundación Focus-Abengoa, que compró el pasado julio el cuadro Santa Rufina, atribuido por los expertos a Velázquez, da hoy la bienvenida al lienzo con un ciclo de audiciones de órgano coordinado por el concertirta y organista de la Catedral, José Enrique Ayarra, y titulado La música europea para órgano en la década 1620-1630. "Habrá versiones de la música que se compuso o se tocaba en toda Europa en aquella época, que es en la que se fecha la creación de Velázquez", explica Ayarra.

Pablo Márquez Caraballo (Valencia, 1984), Jonatan Carbó Casanellas (Barcelona, 1975) y Susana García Lastra (Villaviciosa, 1975) interpretarán desde hoy hasta el jueves en el órgano del Hospital de los Venerables, un ejemplar de "primerísima categoría", recuerda Ayarra, composiciones para órgano de los principales autores de la época, entre ellos el español (sevillano) Francisco Correa de Arauxo, el portugués Manuel Rodríguez Coelho, el holandés Jan Pieterszoon Sweelinck, el francés Hehan Titelouze, el alemán Samuel Scheidt y el italiano Girolamo Frescobaldi, entre otros.

Los tres, explica el coordinador del ciclo, tienen una gran formación en música barroca y han recibido clases de los principales maestros españoles e internacionales, desde Daniel Roth a Vicente Ros, pasando por Montserrat Torrent y el propio Ayarra (profesor de García Lastra, residente en Sevilla desde hace algunos años). "Queremos también dar oportunidades a los jóvenes, que lo tienen muy crudo si se quieren dedicar al órgano. Es la carrera más larga de los conservatorios, pero luego apenas hay conciertos y es muy difícil que pueden tocar un gran órgano", afirma el padre Ayarra.

La música de órgano de las primeras décadas del siglo XVII es "especialísima", explica el organista de la Catedral. "Surgieron en Europa grandes figuras [citadas antes] que más tarde harían escuela. Todo esto había estado formándose en el siglo XVI, pero cuando explota el Barroco es cuando ya se van apreciando distintas características según la procedencia o el tipo de órgano", añade.

"En Alemania, por ejemplo, surgieron teclados para los pies, capaces de reproducir melodías completas. En España, siempre medio pobres pero con una imaginación desbordante, eso no estaba al alcance ni de los organistas ni de los fabricantes, así que debido a la necesidad de ahorrar se optó por partir por la mitad los órganos. De uno salían dos, para la melodía y el acompañamiento. Tampoco existían las pedaleras alemanas", detalla Ayarra.

En consecuencia, la forma de interpretar de un organista estaba completamente condicionada por su procedencia. Si vivió en España antes del XIX, "nunca" pudo interpretar las grandes obras de Bach, "imposibles" de reproducir con un solo teclado. Sin embargo, frente a los caminos "complejos y perfectos" de la música holandesa y alemana, la española se desenvolvía con "gran suavidad" gracias a la sensibilidad y a la compenetración de dos manos actuando sobre un solo teclado.

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