Bertolucci recibirá el Premio del Cine Europeo

  • La Academia distinguirá los 50 años de carrera del italiano en la gala que se celebrará el 1 de diciembre

Bernardo Bertolucci cumple 50 años de carrera y recibirá el 1 de diciembre en Malta el premio honorífico de la Academia de Cine Europeo, pero filma a la juventud en su regreso al cine tras nueve años, con Io e te, despojado de su mirada seductora porque "la realidad de hoy no es nada sexy".

La Academia de Cine Europeo anunció ayer este reconocimiento a Bertolucci (Parma, Italia, 1941), poeta durante los 60, transgresor durante los 70 y grandilocuente durante los 80 y los 90. En el siglo XXI ha vuelto a su mirada pícara e independiente, pero el mundo no está a la altura de su inquietud septuagenaria. "La transgresión no se puede conseguir ya. Ya no hay tabúes. Las reacciones de los 60 y los 70 ya no están... había una fuerte voluntad por el cambio, pero la gente ya no puede soñar con cambiar el mundo", asegura quien, no obstante, dedicó la Palma de Oro especial que le otorgó el Festival de Cannes este año a los indignados italianos.

Bertolucci estuvo en el pasado Festival de San Sebastián presentando su regreso al cine tras nueve años, Io e te, y habló con los medios visiblemente fatigado, saltando del inglés al francés y del francés al italiano pero demostrando que es una mente ágil en un cuerpo inmóvil. "¿De verdad han pasado ya 50 años? No lo había pensado. Para mí el tiempo no es algo cronológico. Sólo lo siento en mi espalda", explica con un tono de humor que suena a mecanismo de supervivencia. Habla desde una silla de ruedas, con zapatillas rojas y mirada todavía curiosa. "Soy como un rolling stone", bromea.

Han pasado cuatro años desde que una desafortunada operación de hernia discal le privó de la movilidad de cintura para abajo, pero su cámara sigue igual de ágil en Io e te, historia mínima rodada en Roma y con Tea Falco y Jacopo Olmo Antinori, en la que, como ya hiciera con Marlon Brando y María Schneider en uno de sus clásicos, El último tango en París, deja que dos personajes germinen entre cuatro paredes.

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