Literatura

El autor de 'El Betis: La Marcha verde' cree que el futuro "pasa por la retirada de Lopera"

  • Antonio Hernández, autor del libro recientemente reeditado, califica al Betis como "una cruz sin cirineo" y lamenta que "Lopera se cree dios".

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Hernández (Arcos de la Frontera, 1943), es poeta, fiel seguidor del equipo verdiblanco y artífice, en esta obra, "de una crónica sobre la condición humana aunque con el fútbol siempre muy presente, en forma de anécdota o vertebrando el contenido".   

En una entrevista con Europa Press, el autor comentó que "una parte del libro, aproximadamente su veinte por ciento, se corresponde con el ya editado y reeditado 'La Marcha Verde', mientras que el setenta por ciento restante, lo forman cuentos de fútbol, que tratan sobre asuntos o temáticas diversas", desgranó.  

A través de ese conjunto de relatos ofrece "un retrato psicológico de las distintas aficiones que aparecen en el libro, incluso de la del eterno rival, el Sevilla, también protagonista de fondo de uno de los cuentos", desveló.  

El eje fundamental de la obra, con todo, es el Betis, a quien el autor definió "como un gallo que pone la piel de gallina", y por derivación, el beticismo, que tiene, a su juicio, "una psicología inefable, muy difícil de explicar", admitió. Al respecto, indicó que "el Betis es la épica de un desconsuelo que cuando deviene en consuelo se transforma en una sensación inigualable".   

"No es lo mismo ganar una vez la Liga que hacerlo todos los años ni tener dos Copas que cuarenta. Goethe, el poeta alemán, dijo que hasta una sucesión de días hermosos aburre, y esto es lo que les sucede precisamente a los aficionados del Barcelona o el Real Madrid, que siempre están ganando cosas", razonó el autor en contraposión a la idiosincrasia del bético, "cuya constante es la misma que la de su equipo, la de las mareas, pleamar y bajamar". 

Esa condición del seguidor verdiblanco, extrapolada al presente del club, se manifiesta, por ejemplo, "en la afición, totalmente divida entre loperistas y antiloperistas", divergencia de la que el autor concluye que "la bética es ahora mismo una familia mal avenida por la actuación del cabeza de familia, que en este caso es Lopera". 

En relación con el mandato del máximo accionista de la entidad, afirmó que "Lopera es inclasificable e incalificable". "No creo --añadió-- que vaya aprender nada ya porque él se considera un triunfador, y eso, el triunfo, es lo que está más lejos del espíritu del bético, que no es que quiera perder, pero se complementa con los fracasos hasta alcanzar la plenitud a través de la experiencia". 

De esa reflexión infiere el escritor que "Lopera se cree Dios", siendo este el motivo que lo impulsa "a no tocar nada por ser perfecto, como la Giralda, de ahí que su problema no tenga solución porque él mismo considera que no tiene ya nada que aprender, y muchos menos rectificar", estimó.  

Por todo ello, señaló que el futuro del club "pasa por que Lopera pierda un poco de soberbia y haga concesiones en lo que hace, por su retirada", sin olvidar, no obstante, "que se trata de un hombre muy importante en la historia del Betis porque en un momento muy delicado se arriesgó y aportó el dinero necesario", recordó en referencia a la crisis institucional que sufrió el club en 1992. Por ello, concluyó que "debe ser despedido como se merece, con todos los reconocimientos a su trabajo y su persona".

El Betis, "una cruz sin cirineo"

A esa "disonancia periférica" que genera la actuación del consejero delegado contrapuso el autor, sin embargo, "un tejido conjuntivo que define al bético y que no es otra cosa que su capacidad para ser inasequible al desaliento y estar dispuesto a sufrir siempre lo indecible", consideró Hernández, quien volvió al referirse al equipo verdiblanco como "una cruz sin cirineo pero con la perspectiva de la divinidad", comparó.  

Esa descripción enlaza con el lema más famoso del club, el 'manquepierda', "una expresión que surge en un momento de decadencia y viene ser un escudo contra las lanzas del enemigo puesto que su objetivo es demostrarle al aficionado que la guerra no se pierde en una batalla, y que mientras una persona inteligente se recupera enseguida de un fracaso, una torpe no se repone nunca de un éxito". 

Al hilo, apuntó que lo prefiere como lema 'al musho Betis' al ser "el manquepierda una escuela de la vida, ya que de la derrota siempre se aprende", al contrario que de la victoria, "que sólo alienta la pereza y la creencia de haber llegado a la meta cuando no siquiera se ha partido en el camino", convino.   

La presencia del Betis y su afición, hilo conductor de la obra, no excluye por ello al Sevilla, responsable de una dualidad futbolística en la ciudad que Hernández explicó remontándose "a la mitología de Hegel, autor del planteamiento según el cual la tesis y la antítesis dan lugar a la síntesis". En este sentido, agregó que "esa dualidad" entronca con la propia idiosincrasia de la ciudad, a la que comparó con Géminis, el signo zodiacal representado por dos gemelos.  

"En Sevilla hay dos torres, una baja y gorda, y otra alta y esbelta; también dos vírgenes, una con cara aniñada y otra más mujer; e incluso la dualidad se ha manifestado en los toros, con Paco Camino y Curro Romero, por ejemplo", relató Hernández, quien apuntó que también "hay dos tipos de sevillanos, uno expansivo y abierto, y otro hermético y cerrado, de la misma forma que hay manifestaciones forclóricas de gran muchedumbre y, sin embargo, el hombre se realiza en la invidualidad, a través, por ejemplo, del cante flamenco".

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