Crítica de Música

Bunbury, el Mesías del rock

Enrique Bunbury, la noche del domingo durante su actuación en el Auditorio de Fibes. Enrique Bunbury, la noche del domingo durante su actuación en el Auditorio de Fibes.

Enrique Bunbury, la noche del domingo durante su actuación en el Auditorio de Fibes. / juan carlos muñoz

No pregonó sermones, ni se prodigó en alabanzas, ni pidió oraciones por almas descarriadas. A Enrique Bunbury le bastó plantarse en el escenario para desatar el entusiasmo entre los miles de fans que abarrotaban el Auditorio de Fibes un domingo de fin de puente porque ven en Él, así, en mayúsculas, al ser supremo que tiene en sus manos la salvación.

Envuelto en el halo de divinidad y altanería con que se exhiben y se protegen también los profetas, ahondó en las aristas de sus Expectativas, el nuevo álbum que lanzó en octubre al mercado tras cuatro años de silencio y cuyas canciones se tararean ya como credos. Porque ahí, en esas letras que el mismo invitó a visitar "a aquellos periodistas que me preguntan en las entrevistas mi opinión por las cosas", está plasmado su ideario.

Un particular Evangelio que, entre otras cuestiones, censura ahora La ceremonia de la confusión repleta de "maniobras de despiste", critica La actitud correcta, cuestiona que hayamos perdido "ninguna ocasión que viniera servida en bandeja de plata", promulga en Cuna de Caín "que el exilio es mejor que nuestra prisión de mediocridad y vulgaridad" e invita a no dejarse engañar en Parecemos tontos.

Claro que el zaragozano no acude al postureo ni se postula sin más en los márgenes del adoctrinamiento, entre otras cosas porque esta actitud es casi inherente al rockero y en estos tiempos hasta podría resultar trasnochada. Su verdadera fuerza está en creérselo. Porque sí, Bunbury es el holograma de su glamourosa pose estirada y mirada desafiante, el personaje, la estrella. Pero es también la voz grave que se mantiene perfecta tras casi dos horas de frenético concierto. El cantante que echa la vista atrás, "a los tiempo prehistóricos", y repasa un repertorio de 24 temas con éxitos de todas las épocas, desde Héroe de leyenda o Tesoro, a Los inmortales, Que tengas suertecita, Despierta, El extranjero o Lady Blue. El músico que, junto a su formidable banda, Los Santos Inocentes, revisa los temas y renueva los sonidos sin complejos, del mariachi al glam pasando por el blues. El profesional que cuida cada detalle y ofrece un show de impresionante luminotecnia sideral. Y, cómo no, el artista que habla de usted pero se entrega sin concesiones, como hizo en la vibrante Maldito duende, cuando bajó al patio de butacas y se dejó mantear por sus creyentes.

Dicho de otro modo, Bunbury ha sabido sobrevivir a los nostálgicos de su propio pasado en Héroes del Silencio y colocarse en la bandeja de lo imperecedero con un producto inteligente y exclusivo, al que terminan por sucumbir todos. Los hombres que se ponen ñoños con sus baladas y las mujeres contestatarias que se suman a su furia. "Enrique, Enrique" es el nombre del Mesías del rock & roll.

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