Cabo de Gata

El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar es un lugar único en toda la Península Ibérica. Sus paisajes desérticos y rocosos, sus recuerdos de volcanes milenarios, sus 3.000 horas de sol al año, sus calas escondidas entre acantilados y sus playas de arena y roca lo convierten en un auténtico paraíso natural, virgen, aislado de todo lo que le rodea. Cuando uno lo conoce por primera vez, siente como si hubiera realizado un viaje mucho más lejano, a los confines del mundo, allí donde la soledad es posible, donde un horizonte rocoso e inerte puede ser extraordinariamente bello, o donde un trozo de arena y de mar está reservado para uno mismo. Para uno mismo, y para el viento, habitante omnipresente del cabo.

El aire

Su soplido está siempre latente: desde septiembre a primavera las borrascas que cruzan la Península traen el viento de poniente hasta esta zona; el resto del año, el levante del Estrecho reclama su protagonismo. Esta peculiaridad ha convertido al Cabo de Gata en un sitio privilegiado para practicar deportes como el windsurf o la vela, así como para disfrutar de una actividad más tradicional y familiar como es el vuelo de cometas. En los últimos años, el Punto de información Noria del Pozo de los Frailes se ha convertido en el centro de reunión de los amantes de las cometas. Allí mismo, uno puede aprender un poquito más sobre el viento de la mano de los monitores del Parque Natural y dejar volar algo más que su imaginación.

La tierra

Para los que prefieren mantener la vista hacia el suelo y disfrutar de las maravillas de esta tierra, Cabo de Gata ofrece un sinfín de paisajes diferentes. Los senderistas lo tendrán difícil si tienen que elegir entre visitar el espectacular desierto de Tabernas, un paisaje único en España, las cuevas karst en Yesos, las milenarias salinas de Acosta, las formaciones volcánicas o la franja costera, que en su mayor parte es sólo accesible andando. La mejor opción sería, sin duda, conocer un poquito de cada cosa cada día. Así que vayamos por parte. El desierto de Tabernas está considerado el único de Europa. El crudo y áspero moldeado de este espacio natural, oferta al visitante un enigmático mundo de formas, un paisaje no repetitivo, formado por cárcavas, barrancos y cerros arcillosos resultado de un proceso de erosión que se remonta a cuatro mil años atrás. Aquellos que caminan por las ramblas de este desierto aseguran tener, aunque tan sólo sea por momentos, la extraña y al mismo tiempo placentera sensación, de ser el único habitante del planeta.

Cerca de Tabernas encontramos el Karst en Yesos de Sorbas, un complejo de cuevas, cañones, dolinas, geodas y demás fenómenos kársticos excavados por el río Aguas en un depósito de yeso. Un paraíso para espeleólogos que puede visitarse de dos maneras, en superficie, recorriendo su paisaje exterior, o adentrándose a alguna de sus cuevas para ver el mundo subterráneo. También se puede visitar turísticamente realizando una de las tres posibles excursiones guiadas adaptadas a todo tipo de público.

Las salinas de Cabo de Gata, existentes desde la época de los fenicios, son de las más importantes de España: cuatro kilómetros de un humedal que parece un lago formado por el mar, con montañas y montañas de sal alrededor. Se sitúan entre el pueblo de San Miguel y el pico de Cabo de Gata, paralelas a la costa. El recorrido discurre por un entorno de dunas, salpicado por pequeños enclaves de palmeras asilvestradas, hasta llegar al observatorio de aves de Las Salinas, donde es obligado hacer una parada que quizás nos llevará la mayoría del tiempo de la ruta (no conviene olvidarse los prismáticos o el catalejo), ya que desde aquí se pueden observar la mayoría de las aves acuáticas que hacen, junto a las playas, que el parque sea conocido y visitado por personas de todo el mundo.

El fuego

Pero si hay algo que hace aún más especial este lugar, es la presencia, o mejor dicho, el recuerdo de la presencia, de un tercer elemento natural: el fuego. La Sierra del Cabo de Gata es el macizo volcánico más importante de la Península Ibérica. Dada su antigüedad (se estima que entre 8 a 13 millones de años), hasta nosotros no han llegado volcanes propiamente dichos, sino sus restos erosionados por los ríos, el viento y el mar. De todas formas, el paisaje que hoy podemos contemplar conserva una enorme variedad de rocas, estructuras propias del vulcanismo y caprichosas formas debidas a la erosión.

Aún hoy podemos visionar la caldera volcánica de La Majada Redonda, que es el lugar donde se produjo la erupción del volcán y el posterior hundimiento, resultando una hondonada circular. También es imprescindible la visita al Arrecife de las Sirenas, el punto el punto más suboriental de la Península Ibérica y más visitado y fotografiado del parque, formado por un conjunto de chimeneas volcánicas a los pies del faro. Precioso al atardecer.

Otra vista espectacular es la que nos regala el Hoyazo (en el término municipal de Níjar), que no es un volcán, sino el resto de un edificio volcánico submarino que se erosionó y sobre el que crecieron arrecifes coralinos. Cuando emergió del Mediterráneo, la erosión fluvial hizo el resto, formando un curioso valle circular sobre el que se elevan los arrecifes fósiles. Sus rocas volcánicas son las dacitas de color gris, salpicadas por un hermoso mineral rojo y redondeado: los granates que dieron fama al lugar.

Además un atormentado pasado volcánico, ha dejado su huella en todo el parque natural. Una encrespada costa salpicada de pequeños islotes y acantilados nos permite imaginar cómo los volcanes vomitaron su lava sobre el mar. Y esto nos da pie a conocer el cuarto elemento del parque: el agua.

El agua

La línea costera del Parque Natural de Almería se extiende por más de 30 kilómetros de aguas cristalinas, desde San José hasta Carboneras, los dos municipios más grandes del parque. Posee tantas playas y calas que es prácticamente imposible visitarlas todas en una sola semana. Las playas más famosas quizás sean las que se encuentran cerca de San José, como la Playa de los Genoveses y Playa de Monsul, las playas más grandes y masificadas, ya que San José se ha convertido en el municipio más turístico de la zona. En la otra punta del cabo, en el municipio de Carboneras, se encuentran también playas ricas en servicios como las del Ancón, Los Barquicos, Cocones, Puntica y Algarrobico, muchas de las cuales cuentan con el distintivo europeo de la Bandera Azul, que garantiza tanto la calidad de sus aguas como de los servicios que ofrecen, pero también playas vírgenes, como la Cala de los Muertos, una de las más bellas del parque, que recibe este fatídico nombre porque en ella solían acabar los restos de todo naufragio que acontecía por la zona.

Entre San José y Carboneras hay muchas más calas vírgenes de finísima arena grias a las que sólo se puede acceder andando, como la Cala de Enmedio, Cala de la Media Luna, Cala Príncipe, Cala de los Amarillos, Cala del Barronal o Cala de San Pedro. Algunas de ellas son nudistas y en otras es posible que en un día de primavera tengamos el inmenso placer de ser el único bañista.

Por último, el Cabo de Gata tiene reservado un exclusivo placer más para los amantes del mar y la fauna, y es que una de las grandes riquezas de la naturaleza del Cabo está bajo el mar. Los fondos marinos del parque están formados por praderas de posidonia oceánica (una planta que sólo existe en el Mediterráneo) entre la que habitan numerosas especies de crustáceos, moluscos y peces. El Cabo de Gata es el primer parque marítimo de Andalucía (con una zona marina protegida de 12.000 hectáreas) y, por ello, un sitio inmejorable para practicar submarinismo y fotografía subacuática. Sin duda, una experiencia completa por las manifestaciones más bellas de los cuatro elementos naturales que componen este pequeño paraíso del planeta.

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