Calderón y las tiranías del honor

  • La Compañía Nacional de Teatro Clásico estrena hoy en el Lope de Vega 'El pintor de su deshonra' · Amantes y cuernos atraviesan una historia que se rebela contra el "infame rito" de la venganza

La Compañía Nacional de Teatro Clásico representa en el Teatro Lope de Vega, desde hoy hasta el domingo, El pintor de su deshonra, un montaje de la obra escrita por Calderón de la Barca que llega a Sevilla como estreno absoluto, el primero de la agrupación en la ciudad desde la etapa en que estaba dirigida por Adolfo Marsillach.

Rafael Pérez Sierra, responsable de esta versión, defiende, naturalmente, la vigencia de los clásicos, pero aclara, en contra de cierta tendencia, que los clásicos sigan teniendo sentido porque en realidad son modernos. "Lo moderno no es siempre lo óptimo", dice. Sí acepta que "Calderón está entre nosotros", en la misma medida que Shakespeare, pero en el sentido de que "todos los humanos somos seres históricos y por tanto comprendemos incluso las historias alejadas de nuestra experiencia". En el sentido de aquella frase, "nada de lo humano nos es ajeno".

Sin embargo, Eduardo Vasco, el director, prefiere hacer pasar el "drama de honor" de Calderón por el filtro de la más rabiosa actualidad. El pintor de su deshonra plantea, dice Vasco, una "reflexión moral sobre la legitimidad de un marido de actuar contra su mujer". "El texto tiene 400 años, pero todos los días están saliendo noticias de este tipo en los periódicos", añade.

Con un reparto coral (compuesto por Arturo Querejeta, Nuria Mencía y Daniel Albadalejo, entre otros intérpretes), música de capilla en directo y un vestuario "sugerente" a cargo de Pedro Moreno, la obra ofrece "el final más trágico y sorprendente" que escribió el autor de La vida es sueño, según Rafael Pérez Sierra. El pintor de su deshonra, pieza fundamental del género de los dramas de honor junto con El médico de su honra y A secreto agravio, secreta venganza, bebe además, con sus amores imposibles, naufragios, asesinatos y fascinaciones repentinas, de otras tradiciones, como la novela bizantina. Maridos, mujeres, amantes y cuernos se las verán aquí con los celos, la tentación de la venganza, tomada como un rito "previsible", con una sociedad "bárbara" que aprueba y espera la muerte del otro como solución natural a los insultos a la honra -como algo propio- o al honor -como algo adquirido-. Arturo Querejeta aprecia "un cierto atavismo", una reminiscencia de las antiguas y orgullosas leyes de honor, en las noticias sobre mujeres asesinadas que efectivamente llegan con terrible regularidad a los medios de comunicación. Pérez Sierra, insiste en cualquier caso en evitar una lectura meramente coyuntural de la obra, pues ésta tambien muestra, "bajo la ley del honor", la "humanidad" del ser que sufre a través de los celos endemoniados.

Miguel Albadalejo encarna a Don Álvaro, un hombre que se va de viaje de negocios y al que su amada, al oír noticias de un naufragio, da por muerto. A su regreso, la encuentra casada con su primo, lo que hará que su cabeza se vuelva "un poquito para allá". Al actor, que interpreta por primera vez con un calderón, el texto le ha parecido "flipante". "Es un espectáculo redondo, con pasión y sobriedad y una música que te lleva a otros sitios". Nuria Mencía es en la obra esa mujer, que se obliga a "anteponer la sociedad y el honor al amor". Su marido, por su parte, sospecha que ella mancillará su honra con su antiguo amado, aunque se rebela contra la hipotética obligación de matarlos a los dos.

Pero, cuidado, recuerda Pérez Sierra, porque cuando llega la caída del caballo (símbolo frecuente de Calderón para la rendición de la razón ante la pasión u otra fuerza más poderosa), todo empieza a ir mal...

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