La sala B del Central acoge 'Sé de un lugar', una de las últimas sorpresas de la escena española

  • La comedia de Iván Morales ganó esta semana el Premio Butaca a la mejor obra de pequeño formato

El director Iván Morales estrenó hace casi un par de años una pieza escrita por él, Sé de un lugar, en el espacio alternativo de La Caldera, en Barcelona. "Eran apenas diez funciones las que teníamos programadas", recuerda sobre los comienzos de su obra este dramaturgo novel con una larga carrera como actor en cine, teatro y televisión, también guionista de largometrajes como Mi dulce y El truco del manco. Pero aquella modestísima producción cautivó al público, y más tarde, cuando se representó en el Espai Brossa, entusiasmó también a los críticos, que identificaron en Morales a otro renovador de la escena española, la nueva revelación tras Alfredo Sanzol y Miguel del Arco. La aprobación obtenida se ha traducido, esta misma semana, en el Premio Butaca al mejor espectáculo de pequeño formato, un último espaldarazo por el que Morales y sus actores, Anna Alarcón y Xavier Sàez, aseguran estar viviendo "un cuento de la Cenicienta que no te acabas de creer".

Manuel Llanes, el director del Teatro Central, fue gracias a la recomendación de Àlex Rigola uno de esos primeros espectadores que tuvo este fenómeno, de ahí que Sé de un lugar inicie en el recinto de la isla de la Cartuja -donde se podrá ver en la sala B, a las 20:00, hoy y mañana- su gira en castellano. La obra es una comedia sobre el desamor, aunque su responsable se inspira en Eric Rohmer, Arnaud Desplechin y en una canción de Triana para escapar de lo previsible. "Me encanta coger un género y subvertirlo. Podríamos decir que el montaje es en esencia una comedia romántica, pero la vida no se puede cerrar a un género, y yo quiero que la gente que venga a ver la obra vea eso, algo parecido a la vida, no un texto montado por actores", explica el dramaturgo.

Morales apunta que, tal como conciben el espectáculo, cada función "es diferente. La propuesta es antiteatral, o superteatral. Vamos a salas pequeñas, pero una vez que fuimos a un teatro que tenía el escenario en alto hicimos la obra en las gradas, con la gente sentada de espaldas al escenario. Se trata de una obra que está muy cerrada, pero nos gusta aprovechar cada espacio y que sea también algo muy libre". El dramaturgo confiesa que tardó en dirigir teatro porque le inspiraba "mucho respeto", pero ahora afirma intuir "qué es lo que vale el precio de la entrada: encontrarte a gente que cree en lo que hace y lo da todo, ver a dos actores como éstos que se dejan la piel".

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